domingo, 26 de noviembre de 2017

Cuatro poemas de Martha Lizarzaburu

Fotografía por Yoliztli Ramos.




SOBRE EL BARRO DEL MUNDO

Mis pies caminan
sobre el barro del mundo.
Soy su misma dulzura que se enciende
en cada angustia con la misma verdad.

Ser terrestre,
ato la soledad a la esperanza.

Y me siento vivir en la vehemencia
del fruto amanecido.





VISIÓN RECOMENZADA EN EL SILENCIO

Me busco.
Me camino.

Una nueva verdad sobre mi tiempo me ahorra
la esperanza.

Cada día distinta,
desemboco en esta ardua soledad:
me reconozco en mi visión más íntima
y recobro mi sueño
desterrado de la lumbre frugal.

Aquí mi corazón es el comienzo
de todo canto
y de toda alegría pequeña.

Más allá,
las estrellas de siempre
y los mismos silencios acoderados en la niebla.





PEQUEÑA HISTORIA

Un día
mis iluminaciones se volvieron palabras
y me empezó a crecer sobre los pies la
tierra.

Nevé mi nieve oscura
para que en las alondras se me ahuyentara
el alba.

De tierra el dulce harapo suspendido del
alma.

Y el dolor de las manos sobre el
viento: curvatura sonámbula.

Liana de piel en tránsito
anudada al silencio de la página.

A la armazón insólita del tiempo
a la hora sin cenizas y sin lágrimas.

Entonces las alondras cruzaron ligaduras a
sus sombras delgadas, y me empezó a crecer
sobre la voz la nieble
y sobre el corazón
el camino hacia un cielo de paja.





MEMORIA DEL FUTURO SILENCIO 

Es así como tengo que madurar mi muerte:
a pasos desolados.

Entre el hueso y la piel,
el ascua negra desbordará cansancio,
y quedará en silencio la tersura
de mi cuenco de tierra.

La sed.
Esta llovizna inconmovible
sobre el rostro.

Y mi muerte en sigilo
inventando sonidos en los charcos.




Poemas tomados de la antología Ocho poetas tanáticas del Ecuador.

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