martes, 20 de junio de 2017

Poemazol de Xitlalitl Rodríguez Mendoza




Esta mañana
antes de ir al trabajo
fui a la Súper
Farmacia de Dios,
donde además de medicinas
venden recetas.

La doctora, una década
menor que yo,
me habla de usted
pero dice que los pacientes somos
como niñitos
aprendiendo a caminar
y eso la pone en el papel
de mi madre.

Me regaña porque
no me gusta la fruta
y me hizo recordar
a María Auxiliadora,
muchas gracias,
bata blanca.

Me dice que no debo
ingerir
alcohol
grasa
legumbres
cucurbitáceas
ahora me
recuerda a
ese escritor
¿o era una oveja?
que ya en el
XIX las advertía.

Me pregunta si
manejo: no lo hago.
Entonces, dice,
no tengo nada
de qué preocuparme.

Mi diagnóstico es
gastritis
y una colitis
de miedo, eso
dice: de miedo.

En mi oficina
me advirtieron
que podrían correrme
si sigo llegando
tarde
pero no duermo
por pensar en que
otra vez
me quedaré
dormida y voy a retrasarme
y esa angustia me quita
el sueño y al día siguiente
no puedo despertar,
es así que llego
doblada de dolor
a la oficina.
Tarde, doc.

Ahora debo
dejar de comer
lo que me gusta y
mantenerme sana.

Salud para trabajar,
salud para pagarle,
salud para atender
las alertas de la Organización
Mundial de la Salud.

Y yo lo que quisiera
es que usted me ayudara
a morir, doc,
poco a poco,
a vivir
largamente,
vigilarme
hasta el paso angosto
de una vejez con mi
único objetivo profesional:
no pagar renta
ni cumplir con un horario
de oficina
y así tener tiempo
de ver crecer
helechos que
como yo
transportan en el aire
insectos metálicos
de esta ciudad ya extinta.

En pocas palabras, doctora,
sólo quisiera morir
sin preocuparme de
llevar ideas con punch
a la junta del siguiente lunes.



Tomado de la antología "Transfronterizas" 38 POETAS LATINOAMERICANAS.

viernes, 16 de junio de 2017

Consiento de José Ángel Valente

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.
No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.
Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.

jueves, 8 de junio de 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

Más poemas para la madre



MADRE

Madre nuestra
Que estás en cualquier parte
Recuerda que también
nosotras nacimos como tus hijas
Y que nunca hemos sido amadas.

Fuimos desterradas del Padre
Ganándonos cada día
Con el trabajo del cuerpo
El pan, la ropa y las cobijas.

Nunca santificaremos nada
Porque también en el cielo hemos sido
rechazadas

No tendremos nunca el reino
Porque por malas, sucias, adúlteras y
pecadoras
Ya fuimos estigmatizadas

¿Qué más da, si nos queda voluntad?
Poco o nada como opción tenemos ya
Ni el cielo ni la tierra serán nuestra morada

Líbranos del mal, de sabernos humanas
Y que de vanidad de pensar
Que para este mundo
Somos necesarias.
Amén.


NURYA GONZÁLEZ RUIZ





TRAZOS PARA UN RECUERDO

A mi madre


Cuando más me parezco a lo que es la ceniza –sólo gris despedida, disuelta sequedad– humedezco mi boca envejecida por nombres y palabras en una, en una sola siempre joven, como en un vaso de agua matinal. Esa palabra viene como la primavera, con dos manos azules, para tocar el sitio donde todo lo verde tiene puesta su verde memoria de volver. Y es como una de esas mañanas caídas de repente, como una loca y total claridad que devuelve los árboles, encalla en los espejos, sacude la hierba del polvo oscuro de la noche y tiende en el cielo brazadas de nubes para que una niña piense: “La ropa de los ángeles limpia y puesta a secar”. (Eso era lo que pensaba aquella niña de otro tiempo y otro lugar VI que tenía un perro oscuro, una yegua blanca y casi ningún motivo para llorar.) Esa palabra se llama agua, se llama tierra, se llama hilo y manzana, es la rana en medio de la charca y es aquel árbol y su manera de cantar. Es también la flor que estuvo en el prado abierta y misteriosa, como una verdad. ¿De dónde viene el húmedo estribillo que entreabre los tréboles con su olor a verano? No lo sé. Y aquí está. Con aquel gran gato dorado como un ovillo de sol. Con aquel pez jugando a que ardía bajo el agua y cruzaba rayando de granada su sala de cristal. Si yo pudiera decir esa palabra todo me rescatara del invierno, todo me lavara de esta sal. Sé que está allí donde ella estaba y ya no está. Sé que está allí donde me arrepiento y no quisiera haber hecho el mal. Sé que está en la memoria de mi alma y está bajo una piedra que no quiero mirar. Sé que está donde se hacen mis lágrimas donde se alzó mi casa, donde mi hermano canta cuando tengo otra edad y no pienso en la muerte y ato los días como un ramo de flores y los pongo en mi delantal. Sé que está entre unos libros viejos y una tenue escritura y un retrato de niebla, y una lección de música, y unos domingos claros, y unas alas de polvo, y unas matas de mirto, y un enterrado aroma de albahacas y de azar. Sé que está entre unas manos que me quisieron y ya no he de tocar. En todo lo que amo, en eso que me duele y tiene la forma de mi soledad. Es el rostro del eco. La espalda de la dicha. Es un camino que sólo lleva hacia atrás. Y que me voy, me hechiza y me detiene y me quiere llevar allá donde yo jugaba y mis perros corrían y la vida nunca se iba a acabar. Aquí estoy. Donde no hay más adelante y tampoco se puede regresar. Con la palabra entre unos labios que ya no la saben pronunciar. ¿Qué hago con estas flores secas en la mano? ¿Qué hago ante esta casa demolida, ante esta puerta de sal, ya caída y para siempre sellada, por donde nadie más entrará? Muchos ojos me han olvidado. Ojos me han olvidado. Ojos que yo cerré como ha cerrado el tiempo el ojo de este umbral. Detrás de mí, la muerte. Y delante también. Siento que no conozco a nadie de esta hora, que todos acaban de llegar.


MARGARITA MICHELENA





CASA EN RUINAS (fragmento)


En la última carta que escribí a mi madre no sé cómo con qué signos pero le hablé del árbol que plantamos No espero una respuesta si acaso yo pudiera desear algo sería una foto suya Pero le hablé del árbol y de su gris contorno contra el cielo de la bondad con que calla de la amargura con que se va dejando morir y mi instinto me dice él, que siempre responde aunque no lo espere, que por la tarde dentro de algunos meses mi madre tomará la carta y sabrá de toda la desesperación con que la extraño.

ARLETTE LUÉVANO






A TUS PIES OFRENDO MADRE...

A tus pies ofrendo Madre la servidumbre de mis reproches quémala la carcoma de repetirme en la misma letanía de dolor quémala la turbia resaca de remordimientos quémala la viciosa costumbre de esperar lo improbable quémala la excusa del miedo que paraliza cobarde quémala la bastarda disculpa del amor rechazado quémala la mezquina astucia de apresar el tiempo quémala la distorsión que se juzga fiel certera quémala la calculada incapacidad de reparar el daño quémala quema las escorias que lazan mi vuelo y bendice Madre lo que aún me queda por andar…


ESTHER SELIGSON

sábado, 6 de mayo de 2017

Dos poemas de Pat Parker





Para la persona blanca que me pregunta cómo ser mi amiga

Lo primero que haces es olvidar que soy Negra.
Segundo, nunca debes olvidar que soy Negra.

Puedes amar a Aretha,
pero no la escuches cada vez que vengo.
Y si decides poner a Beethoven,
no me cuentes su historia,
también nos hicieron estudiar
Apreciación Musical.

Come comida soul *
pero no esperes
que te recomiende restaurantes
o la prepare para ti.

Y si una persona Negra te insulta,
te roba, viola a tu hermana,
destruye tu casa,
o solamente se comporta como un imbécil;
por favor, no te disculpes conmigo
por desear golpearlo.
Eso me hace preguntarme
si eres un tonto.

Y aún si de verdad crees que los Negros
son mejores amantes que los blancos.
No me lo digas.
Empiezo a considerar cobrar  honorarios
por ser una semental.

En otras palabras,
si de verdad quieres ser mi amigo,
no hagas una faena de ello.
Soy una floja. Recuérdalo.




**


En la materia de Literatura Inglesa,
me dijeron que Kafka era bueno.
Las mejores pesadillas
de toda la historia.
Creo que debo
buscar a ese profesor
y preguntarle por qué
no estudiamos
al Departamento de Policía de San Francisco.





* La comida soul refiere a una gastronomía estadounidense propia de los inmigrantes sudafricanos.
Tenía como principal característica el uso de pocos ingredientes, pero a pesar de esto, su elaboración se veía envuelta en un misticismo amoroso: transformaba  los escasos ingredientes en platillos que traían de vuelta la imagen de la familia y el hogar, que alimentaban el "alma".

domingo, 30 de abril de 2017

El mundo según mi corazón de Lauren Yates





I.

Sólo hay espacio para uno.
Las sillas de concreto mantienen a los curiosos en la bahía.
Nadie holgazanea aquí.

A veces un viajero extraño,
ignora la arena: el frío gris
delineando su cuerpo.



II.

Nuestra historia en una sola toma.
¿Una decisión estética?
No pudimos conseguir más rollo.



III.

Yo no lo quería
hasta que me hiciste consciente de ello.

Él, un mal aguacate.
Yo, vientre delicado en una tormenta salada.
No volveré a comer guacamole en mi vida.


IV.

Mi corazón hormiga obrera,
carga cincuenta veces su tamaño.
Sólo porque puede no debería hacerlo.


V.

Sólo soy feliz cuando no sé toda la verdad.
Miénteme. Frena mi impulso

de saberlo todo.
Estoy aprendiendo a vivir
con este estar rota.
Olvidaré cómo es que debo verme.
No me lo digas.
Déjame seguir poniendo catsup
y rebanadas de queso sobre pan.
Esto, para mí, es una pizza.
No me digas lo contrario.


VI.

Tratar de salvarlo
es como sacarle una sonrisa
a un guardia del Palacio de Buckingham.

Si deja sus vicios,
él será para alguien más.


VII.

Algunos días, tengo sentido del humor.
Me digo: encontraré a un amante viejo y rico.
Sus hijos tendrán mi edad.
Me llamarán "mamá".


VIII.

Sólo porque puedo amar, no significa que deba hacerlo.


IX.

Sólo hay espacio para uno.
Algún día, un viajero extraño
me traerá la pizza más exquisita.

"¿De qué es?" le diré.
"Difícilmente me sabe a catsup".

sábado, 29 de abril de 2017

Dos poemas de Sierra Demulder

Dominique Fortin




El permanente

La primera vez que mi madre se impuso a mi padre,
se hizo un permanente en el cabello.
Él le había dicho que no lo hiciera,
le dijo "es un desperdicio
de mi dinero ganado tan arduamente".

Mi padre me cuenta esta historia mientras llora,
ahora es mucho más dulce, un neumático sin rueda.
Mi madre volvió a casa de la estética,
y sería maldecida, si no se me veía maravilloso. 
Eso me mataba, Sierra, lo juro por dios. 

El permanente, ese primer murmullo
en un cuarto silencioso, el primer balanceo
de un murciélago sólo para descubrir
que la piñata es en realidad un perro.
Mi madre lloró durante horas,
no habló en una semana.

Ahora, treinta años después,
yo soy poeta
y estoy contando esta historia como si fuera mía.
Cosecho esta espina,
este embarazoso dolor de muelas.

Hago que mi padre arrastre su temperamento
fuera del almacén por la muñeca,
Y hago que mi madre vuelva del salón
una y otra y otra vez.







El mejor hombre

Inevitablemente, mi padre llorará en mi boda.
Vestirá su único abrigo con naturalidad,
como si usara una caja de cartón.
Sus pantalones de mezclilla,
su corbata anudada mecánicamente
como oropel.

Poco habituado a los eventos formales,
tiende a moverse en su asiento,
impaciente como un serrucho.
Cuando llora, y siempre llora,

lo hace de la única manera que puede hacerlo
el padre de tres mujeres:
su pecho como una boya agotada,
suspira y asciende,
mientras todo en su rostro se hunde

como si alguien hubiese lanzado
una piedra en un estanque
y las ondas se expandieran eternamente
es el más hermoso ahogamiento.



miércoles, 26 de abril de 2017

Deseo de Dulce María Loynaz


Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...

martes, 25 de abril de 2017

Olor de Jacinta Escudos




Vengo con olores extraños en el cuerpo,
con olor al canto de las ranas
que llaman a sus esposos en la vera del río,
con olor de potreros que se queman en la oscuridad,
con olor a ubre de vaca en mis senos dilatados por el deseo
con olor a manantiales sudoríficos
nacidos en la ranura de los cuerpos en batalla.
Vengo con olor a río, a lago, a pantano,
a olvido por minutos,
a calor en un pueblo perdido,
a cigarro fumado en la espera,
a polvo, a lluvia, a tiempo, a moho.
Vengo con olor de amor
en un lecho esquinado,
en un cuarto oscuro,
en una casa a la orilla del río.
Vengo con olor de amor
de un hombre que pierde su sombra,
de un hombre con cuerpo de barro,
de un hombre de corazón de pájaro.
Vengo con olor de un hombre
que se llama Alejandro
y que tiene olor a mar.

lunes, 24 de abril de 2017

Soneto de otoño de May Sarton



Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
sus hojas, tan naturalmente, una por una;
si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúcidos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá -si puedo dejarte ir.

Tomado de la antología "Emma Gunst".

sábado, 22 de abril de 2017

Jaguar de Elsa Cross




I

Niño jaguar.
                 Serpiente.
Fauces abiertas,
ojo que se agranda.
Tu pupila devora el cielo:
noche llena de ojos.

El río lleva caracoles
que en la roca se prenden
                       -turquesas bajo el agua.
La arena sella sus secretos.
Entre la piedra, arañas.
Abejas hacinadas sobre las floraciones
                                                  en el limo.

Noche adonde bajan a beber los tigres
silenciosos como crecidas súbitas.

Niño jaguar,
en tus ojos se entrecierra la noche.
Te duermes
cuando el sol dispara sus flechas
entre las copas de los hules
y enciende el pelaje de los monos.





III

Hombre jaguar,
                         muchacho,
boca esculpida.
Me acechas en el día,
                                     me alcanzas.
Tus dientes parejitos.
Tus manos-
                               desatan mi vestido.
Ojos de jaguar,
                              lumbre amarilla.

En todos lados apareces.
Sales bajo tierra.
Hurtas de los Señores de la Noche
las garras,
los colmillos.
Eres sol en lo oscuro.
Eres guerrero,
                         tú peleas.
Manchada de estrellas queda tu piel;
tus brazos,
                       color      cinabrio.

Por la noche me llevas.
Vamos siguiendo huellas
                                   no sabemos ni a dónde.

Corres como sereque,
oyes como venado,
hueles el aire,
                     narices de jaguar.

Frente amarilla.

Soy la oscuridad donde apareces.

domingo, 16 de abril de 2017

Cuatro poemas de Delfina Tiscornia



CARTA A JESUCRISTO

Me seducís
El estrépito del pasado ya no resuena con miedo en mi alma.
Jesús. Voy a seguirte. Estoy entregada a tu Amor
y tu designio amoroso.
No todo es poesía. Te busco en una ciudad maldita,
sufriente.
Pero ahora estás en Todo.
Abrí los ojos del alma. Ya no temo a la vida,
ni al paso de la muerte, ni a ser humano alguno. Vos
me das tu fuerza.
No padezco el tormento del ansia, porque se fueron mi
sed y mi hambre. No eran del cuerpo sino del espíritu, y
es ha sido y será saciado con tu Palabra que bendice
y sana, que aclara y pacifica.
Morí a la vanidad y al hartazgo, la locura, la degradación.
Jesús, Señor, Dios, Altísimo. Te envío esta carta
agradeciendo mi vida y la de mis seres queridos.
Abro mi corazón a tu Amor que no conozco
totalmente, pero creo en él.
El tiempo humano es fantasía.
Pongo el reloj de mi vida en tus manos.
Bendice mi creación, mi canto, mis dibujos, mi poesía,
cada uno de mis actos... bendícelos como una plegaria
de amor y acción de gracias para que se eleven del
amor humano al amor divino que todo lo contiene.
Gracias por mi belleza, mi inteligencia limitada, mi
sensibilidad.
Ayúdame a usarla y encausarla para que no sea
lastimada ya sino que aprenda a curarse y a curar a
otros. Esto te pido con amor y emoción.

Delfina
TU HIJA



***

QUIERO ARRANCAR LA MUERTE DE MI VIDA

Quiero arrancar
la muerte de mi vida
quiero ofrecer
al mundo las cenizas

Voy
a creer que sangro en cada herida
voy,
a bordar
la senda de otra vida

No, Pero no,
la noche y su silencio
no
pero no,
la tarde y su veneno

Quisiera darte
todo lo que odio
para que tú
lo vuelvas compasión

Quiero partirte todos mis deseos
sobre la piel hasta que me olvides
Porque jamás

Hablamos con la muerte
porque detrás
aguarda el corazón

Voy
a nacer
de una hoja desnuda

voy
a volar
en un tiempo extraño
al que nadie conoce y sin embargo
todos beberán cierta vez
esta copa desconocida




***

MIENTRAS OTROS

Mientras otros se reparten
las flores y los truenos
yo quisiera llorar
y ser el fuego


el júbilo intacto de una mañana fría
el gajo desnudo
que se ofrece
cuando ya no queda nada

Quisiera ser
la piedra silenciosa
arrojada al camino

la roja dentellada de una muerte
cualquiera
la pupila roedora del amor
y el olvido

Quisiera irme despacio,
sin despertar a nadie
para apurar mi copa de veneno

Para abrevar en las noche de espinas quietas
la oscuridad de voces
que siempre me espera





***

EL SILENCIO DEJA DE SER UNA RESPUESTA

El silencio deja de ser una respuesta
cuando el azul se quiebra insostenible insoportable,
y los dioses están muertos.
El coraje es tan sólo una palabra
cuando los siquiatras creen saberlo todo
y se enfrentan a su miseria
en un doceavo piso confortable.
Yo ya no río más, no río más.
Sólo los ríos pueden hacerme llorar
el recuerdo de lo bello,
el riesgo de morir y vivir cada instante
guardando las formas
para enlutar un traje más.
Pasó un pájaro de alas rotas
y yo tengo miedo,
miedo del instante que sigue
y el que precede.
Control, palabra odiosa,
todos somos egocéntricos
todos ansiamos la gloria
y una playa desierta que nadie haya pisado,
mancillado con sus sucias botas,
la huella del tiempo, pátina
fácilmente habitable.


sábado, 8 de abril de 2017

Insectario de Hernán Miranda


Rafael Trelles, Ensayo de Gregorio Samsa.



Yo me enamoré una vez de una muchacha maravillosa
y los dos preferíamos los vanos de las puertas,
los rincones más oscuros de los cines,
de las plazas públicas.
Huíamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad
y esperábamos la noche
y apagábamos todas las luces para hacernos el amor.
Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo
centímetro a centímetro
como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.
Y ella tenaz y laboriosa como ninguna
tejía y destejía en silencio su tela sobre mis labios.
Un día nos equivocaríamos de grieta
o la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones
y nos perdimos de vista entre la multitud.

De ese tiempo,
mi sensación de llevar antenas en la frente
y los ojos facetados.

De ese tiempo,
mis pestañas sensibles a la luz del sol
y mi forma de andar
de insecto extraviado entre los hombres.

lunes, 3 de abril de 2017

Elegía de Manuel J. Castilla

Acaso tenga yo tu corazón ahora con la lluvia,
acaso dentro mío no seas sino un aire que llega con mi propia voz y te recuerda,
algo que de mí mismo se prolonga en la tierra todavía,
un gesto que se hace sombra, un olvido arenoso.
Porque aún quedan cosas y cosas por las que estás volviendo.
Está un jardín con flores recién naciendo
y frutos que caen sordamente a la tierra,
y en el jardín, prendida entre los árboles como una telaraña gastándose
tu mirada en remanso.
Queda también la sombra de la madre aposentándose cansada
sobre todas las cosas que han rozado tus ojos
y queda tristísima y amarilla una tarde cayendo entre las plantas
con pájaros perdidos en el cielo.
Yo podría preguntarte de las horas que se espesaban en tí como en un pozo,
de lo que ibas dejando en los amigos,
de aquello que les dabas
cuando en las noches el vino se bebían en lentitud risueña
y por su veta ardida los pescadores,
quemando los inviernos
subían a la fábula y a su río celeste.
Porque en todo ello estabas. De sueño en sueño andabas.
De viaje en viaje sin emprenderlos nunca
pero volviendo de ellos.
Más allá de tus ojos, todo era claro para tu corazón
y la bondad se dejaba estar en tus ojos, silenciosa, como una rosa en una mano.
Ahora que estoy solo iré a buscarte en la noche que te pertenecía
como una amante inolvidable,
iré borrando huellas por los caminos verdes de la infancia
cuando el verano se derrumbaba sobre los niños de los ríos
y los enjoyelaba de bejucos morados
¿Por dónde iré, yo digo, sin hallarte?
En las granadas de la estación, abiertas, he de encontrar tu risa temerosa;
En algún carnaval polvoriento me ofrecerás un vaso de chicha;
en algún pueblo solo, junto al río, vendrás cavando las barrancas húmedas
buscando carne para las pescas largas llenas de vino y de silencio.
Yo sé que he de encontrarte, ya niño distraído,
de cara al cielo de la siesta,
viendo pasar los animales del firmamento y de la tierra
y que han de tropezar mis manos con las tuyas en el fondo del río
como dos ciegos que se buscan lejos de toda luz.
De boca en boca nos hallaremos en viejos años nuevos
con la copa en la mano y una corbata nueva,
tratando avergonzados de abrazarnos como dos extranjeros.
Sí. Yo sé que todo esto que me pasa me volverá a ocurrir
porque esta voz que tengo a veces me sale con tu voz, y eres yo mismo.
Porque esta mano que te escribe es tu mano, y tu sangre es lo que va en mis venas.
Porque este pelo y estos arrebatos son tuyos y hasta es mía tu ropa.
Y míos son tus huesos, y mío tu cansancio y tu dolor es mío
Porque todo es como una palabra que no sale nunca y se muere en la boca para siempre.

jueves, 30 de marzo de 2017

Un poema antipatriarcal de Itatí Schvartzman



NI UNA MENOS

“La amiga que sueña un marido que la mantenga
el pibe que escribe el reggaetton de moda
la madre que educa machitos y princesas
el jefe que escupe: es que está en día femenino
la compañera que te dice: así no vas a conseguir novio
la boluda que aclara: soy femenina, no feminista
la mamá que la viste sólo de rosa, porque es nena
el papá que compra muñecas y cocinitas
y lavarropas a la nena
y pelotas y aviones y juegos de química al varón
el novio que te revisa el teléfono y el facebook
la mina que dice de otra mina que parece una puta con esa ropa
la mamá que sueña un príncipe azul para yerno
el papá que paga por sexo con nenas de la edad de su hija
el novio que no coge con la novia por respeto
y sale de putas después de acompañarla a casa
los compañeros profesionales que en vez de escucharte
lo que tenés para decir en la reunión,
te piden que sirvas el café o hagas el mate
la marca de detergente que sólo te habla a vos, mujer
el médico que te hace cesárea sin necesidad
o el que te hace la episiotomía de rutina
la enfermera que te grita: bancátela, bien que te gustó hacerlo
o la que te ata a la camilla para parir
el marido que te prohíbe trabajar
o el que te esconde los documentos y la plata
o el que te controla los ingresos y egresos
la caricatura política diaria
el chiste de mierda, las propagandas,
Tinelli, la novela turca, los concursos de belleza
el que te obliga a hacer algo en la cama
que no deseás, el que se fija sólo en su placer
el que te dice: ahora no me podés dejar así
el que te humilla, el que te adjetiva, el que te menosprecia
el que te caga a trompadas
el que te aisla, te controla, te cela, te sigue
el que me dijo el primer piropo grosero
a los doce años, el que me tocó contra mi voluntad
en el boliche de moda, en todos los boliches de moda
el compañero que te manda a barrer el piso del local del partido
el compañero que no cuestiona sus privilegios
el que recibe un cheque más gordo sólo por tener pene
y se calla y se lo guarda en el bolsillo
el pelotudo que pregunta y el día del varón, eh?
la mamá que obliga a la nena a levantar
los platos sucios de sus hermanos varones
la pelotuda que rápido vuelve a aclarar
pero mirá que yo soy femenina, no feminista
la que se burla de que no me pinto
la que se burla de que vos no te depilás
la que se burla de que no calzás tacones
la que se ríe de que compro libros y no carteras
el compañero que me mira las tetas
Todos unidos frente al televisor
preguntándose cómo puede ser
que asesinaron a otra mina.”

Cinco poemas de Jorge Teillier




CUANDO YO NO ERA POETA

Cuando yo no era poeta
por broma dije que era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.

Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.

La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.

Ella había traducido para mí poemas de Christian Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada en cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.

Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.

Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.



**


RETRATO DE MEMORIA

Un cuento de Hans Christian Andersen

Eras frágil
pero no te asustaba cardar lana
aunque sangraran tus manos.

Siempre llevabas un girasol
para iluminar el despertar de los muertos.

Cuando las nubes se posaban en tus hombros
los ríos guardaban silencio
y se detenían a tus pies.

Aunque te prohibieran cantar
tus labios cerrados era un canto
y los cisnes venían a tu llamado.

Hoy recuerdo que eras hermosa.




**

BOTELLA AL MAR

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo
te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados. Es para la niña que nadie
saca a bailar, es para los hermanos que
afrontan la borrachera y a quienes desdeñan
los que se creen santos, profetas o poderosos.


**

MI AMOR POR TI

Mi amor por ti
Es un vidrio roto por el mal alumno del curso
Una capilla con techo de zinc bajo la lluvia de
Vilcún
Una manzana ofrecida a la profesora por el alumno
bueno del curso
El viento sur jugando ajedrez contra el viento norte
para decidir qué tiempo va a haber
La conversación con los mapuches que desde la costa
traen las estrechas carretas de cochayuyo
El abejorro que zumba deslumbrado al contemplarse
en el espejo
El olor a café en el molinillo de la tía solterona
El recuerdo de rostros bellos como las proas de los
veleros de otro siglo que se recuerdan junto a la
cocina económica
El encanto de leer el Ojo y recitar las tablas de
multiplicar
El gallo de pelea cuyas heridas cura tu padre tras su
última victoria
El maqui de los mendigos que aún no soporta el
aliento de los camiones
El gesto del loco tratando de atrapar un rayo de sol
con su sombrero en medio de la plaza
Un viaje en carreta con los primos para celebrar en
la hijuela familiar el Año Nuevo
Las chispas de la locomotora a vapor iluminando la
noche frente a mi perdida casa
Los nombres de poetas amados que repasamos como
las cuentas de un racimo de uvas de Italia
El primer surco trazado por los colonos con sus
arados de madera
Y en fin
La llave que se nos ha dado para unir la memoria
con el olvido
Y que lanzo al fondo de un pozo
Para que alguien tan afortunado como nosotros hoy
día la encuentre algún día.



**

BLUE

Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar a los niños
En los parques de juego.

Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino si me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
"Vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días".



martes, 21 de marzo de 2017

Resplandor y olvido de Fraguas de Víctor Sandoval




Pasaba las tardes en una vieja plaza.
Tardes y plaza,
árboles quemados,
había un roble partido en dos,
la piel arrugada, pero erguido y muy alto,
un oscuro mundo en sus ramas.
Tardes y plaza ardiéndome en la garganta.
Conminatoria y rápida
la revelación apenas me rozó.
Había que escapar o quedarse para siempre.
Como en Fraguas, la ciudad de la que soy un fugitivo
ahí estabas, padre, llamándome,
con tu piel calcinada, el tronco gigantesco,
tu oscuro mundo de yunques, fragores y descensos.

Amarás un telón amarillo.
El viejo otoño sobre el bosque
en la estación de los turistas.
Dejarás Fraguas, l anombrada.
Llevarás a tu padre bajo el brazo,
como el de Ilión un día.
Como el de Troya,
fue grande y poderoso.
Alborotó camas de hierro
usó trajes de alpaca y fístulas rosadas.
Dejarás la ciudad en llamas del otoño.
Otros serán, otros son ya los habitantes.
Ni una piedra rodada recordará a tu padre.
De la ciudad antigua sólo el reloj de sol,
los contrafuertes rojos del poniente.
Tendrá una máscara de hierro la ciudad, una malla de alambre
túnicas de moscas y ceniza,
rígidas banderas de polyéster sobre los edificios,
(negocios, habrá negocios para la gente nueva)
un aire de inocencia pervertida en las canteras rosa,
extranjerías innobles sobre los calicantos.
Dejarás Fraguas, la nombrada, un día de gran jolgorio
con tu padre el sarmentoso, el olvidado, bajo el brazo.

Fraguas se fundó
para que conviviera el padre con sus hijos.
Para que en el comedor, antes de la siesta,
departiera la familia,
circundada de yunques y fuelles resonantes;
resonantes y lejanas frases obscenas de la fábrica
tocando muros y ventanas.
Fraguas fue creciendo casa a casa,
sólida en sus relaciones,
armoniosa del todo.
Fraguas era una granada abierta,
cordial al visitante.
En sus talleres se construyeron máquinas de ligereza
para dar la vuelta al mundo.
Hubo quietos arados de afiladas rejas,
agujas y dedales centelleantes;
se construyó también una plaza de acero
para que mi padre, ceremonioso en las celebraciones
celebrara sus cuatrocientos años.

Cada día te pareces más a tu padre.
La misma nariz,
la misma nuca, el muro de cemento, la espalda de la fábrica,
tu padre, el clima y tú,
el mismo rostro de Fraguas:
Los estanquillos, la cerveza dorada los domingos,
por esas fechas en Fraguas
los niños y sus juegos en las calles, bolas de cristal,
trompos claveteados,
áureas monedas altas perdiéndose en los árboles.
Fraguas en las tardes:
un bruñido color en las doncellas,
adolescencias de metal,
un espejo de sol en el que todos anhelaban repetirse.
-Cada día eres más la imagen de tu padre:
el secreto fulgor que alondra el entrecejo,
los puños angustiosos sobre las caderas,
las esquirlas de luz abriendo paso.
Su voz entre cadenas
sensible a la garganta, por sus vetaduras
un azaroso agrio licor de espinas,
erguida bayoneta de silbidos.

Pespuntean el horizonte las siete cabrillas.
La arena del desierto
evoca la figura del pastor
de Santa Sofía y en Fraguas
los jóvenes arcángeles
han descendido para confundir al hombre.
Hay un pedazo de oro
y tiembla como un rayo de sol.
En cada hogar de Fraguas
se enciende una ramita de odio.

Restañar las heridas en Fraguas no fue fácil.
Toda la noche mi padre estuvo cavilando.
La luna gemía despacio entre el saucedal y el agua.
Las banderitas de papel en las acequias cautelosas.
El costillar herido de las puertas.
Los centuriones diestros a la ronda en círculos
estrechando el cerco con su collar de lanzas.
El alto poder del M-1 a tumbos en el puente.
La noche llena de flores desdentadas.
Es tan intenso el miedo
que hasta los mismos guardias delante de las casas
esconden sus temores.
Mi padre cavilando, toda la noche cavilando.
La casa de las fieras abierta y encendida.
Sus aullidos de espanto dominan nuestro sueño.
Y la lluvia en espera para lavar la sangre.

(EL PADRE LLEVA A SU HIJO AL ZOOLÓGICO)

Una veleta de lámina
El gallo en su gallinero
Gargantón el gallo canta
El águila y su calvicie
-Yo te perdono padre
Un tigre de doble filo
Un día de ámbar enjaulado en la piel
El enjoyado viborezco en su zarzal
Los dientes del tigre
Sus cuatro engarraduras
-Yo te perdono padre
y agazapado espero tanta sangre exquisita
La veleta girando al viento de las dalias
La noria tumba del agua
El águila coja sin la doble cabeza
El viborezno arqueado sobre el tractor Ford Major

Llego de la noche
Harto y feliz
Llego de la noche yo el triturador
Afuera dejo un clamoreo de estrellas y cristales
Para que no me moleste con preguntas
Encierro a mi padre en su tumba


(INTERMEDIO PARA CONSAGRAR AL PADRE)

Mi tiempo, padre:
Himnos de guerra y tableteo de metralletas.
Lo estoy viviendo apensa pero lo estoy viviendo;
soy el aire del arquero y su brazo.
Te veo escribiendo tus poemas
como éste padre, como éste.
¿Para qué, para quienes?
¿Para quiénes abres tu cartapacio,
tu horrenda máquina de escribir
como dentadura postiza?
A veces te leo en los periódicos
llenos de mosquitos proditorios.
Hace cincuenta largos años
que estás sobre la tierra.
Yo, padre, soy yo-padre desde que tú naciste.
El beso que pongo en tu mejilla
es el bien común,
el orden que rodea nuestra cisterna.
Por este lento avanzar del poemario,
del poema-río de tu consagración,
te despega la muerte de la vida
con paciencia de coleccionista.

(PLAZA EN ARMAS)

Tenemos nostalgia de las piedras.
Nos custodian muros de frentes amplias
donde se han escrito sentencias ineludibles,
actas constitutivas, horas de pozo adentro
con su latir a ciegas.
Nos custodian la ciudad y su cauda
procesional de lagrimones de salitre,
sus herrajes y arcadas,
aire de resplandores en las testas insignes.
Nos custodian labios denunciatorios,
contra infames costumbres,
por ejemplo: la exquisita cortesía de ese loco
que saluda al suicida y su féretro de crisantemos,
su escandalosa muerte de cianuro.
Nos custodian la noche y el tramonte
en su lecho de relámpagos.
La ciudad nos custodia desde su plaza en armas,
ágora de pavores y codicias;
estatuas de crisólitos vigilan este sitio
y nos preservan de cualquier transparencia.

(SUBURBIOS)

Soledad de abajo
y la brumosa mesa del café
Puerto de la Concepción
y el viaje que no haz de realizar
Viudas de Oriente
y la pasión nostálgica
Viudas de Poniente
te desnudo y me desnudas en sábanas de bramante
Ojo de Agua de Crucitas
desde lejos viene la tarde
Santa Rosalía del Polvo
un candor de piedra en la mirada
Rancho de Pulgas Pandas
el purificador de almas tragando lumbre
Pila de los Perros
verdades como puños el fontanero
abriendo las fuentes de la plaza
Amapolas del Río
una flauta enamorada
Soledad de Arriba
Don Juan al empalado bajo un claror de hogueras.

Aullidos de bronce,
sábanas blancas y sábanas manchadas,
dilataciones y dolor,
mi padre tranquilo en el zaguán.
-Antes que nada, comadrona,
échame al mundo.

Los días grávidos de agosto tienen un corazón de piedra.
Duerme.
En Fraguas, la ciudad de acantilados
y edificios rectangulares,
hay pequeños y tiernos detalles
Hay aurículas de transparentes nervaduras
y palomares de cemento.
Hay acequias y peces de agua fría.
Mi padre forja duras azucenas y besos de granito.

Los domingos el sol llega de pronto,
y todo Fraguas es
un resplandor de piedras y follajes.
Fraguas vuelta a encontrar, ganada para siempre;
navegan por el aire partículas de esmalte,
peces estriados, pájaros brillantes y pequeñas piezas de cerámica
Entonces las gentes van y van;
los mercados se llenan con sus gritos,
se sumergen en campos de pitayales dulces;
fuman en boquillas de cristal;
de sus cuerpos desnudos cuelgan joyas y pequeños signos de plata.
Naturalmente todos son jóvenes,
miran de frente entonando a Vivaldi.

Aparte del ciclo pluvial,
las regaderas y los sanitarios,
los ruidos más importantes de Fraguas se han ido perdiendo.
-Fan- faneto – neto – fan – faneto- neto -fan
¿Qué se hizo la máquina de vapor
saliendo de sus cuevas de bisonte?
¿Qué se hizo el rey mi padre y su tren de esmeraldas,
su cadena de oro, pechera de cobalto,
la sortija de amor entre los dedos?
No hay ojos para mí,
melancólico y calvo busco una calle antigua,
mido la distancia y no es la misma.
¿Qué se hicieron las señales que dejamos,
el aldabón de hierro y la puerta labrada?
Busco los antiguos lugares comunes:
Un nombre de mujer, la miscelánea verde,
la cicatriz del muro, Busco a la bella Adriana,
su cama de latón y el cielo raso;
busco al minotauro ganadero que le abrió las caderas.
¿Qué se hicieron los ruidos de Fraguas?
¿Qué se hizo el yunque de diamante de mi padre
y su tren de esmeraldas?

No quedó nada,
sólo el desierto;
Teotihuacan, Fraguas, Caldas, Asterópolis,
con sus rostros de aljibe.
Derruido el zigurat, trunca la pirámide,
el campanario en ruinas.
Sólo el silencio altivo.
¡Patrias de la misericordia
apiádense de Fraguas!
Debo olvidar la crónica,
los días rutilantes,
la procesión de palmas.
Olvidar la ciudad llameante de automóviles y anuncios.
No se hable más de los altos palomares
ni los apiarios rojos en el valle.
-Entonces las uvas y su dulzor de agosto-
Olvidar la historia y los ojos;
dejar la ciudad como el perro rabioso
que rompe con sus clases de obediencia.

Y abres los ojos con espanto.
Vienes del sueño a la ferocidad del sol.
Abres los ojos al espanto de esta mañana.
Si naciste en Fraguas, la de calles perdidas,
la de sordas campanas y esquilas subterráneas,
eres hijo de mi padre.
Dejaste, dejamos, la humedad de terciopelo,
la caverna tibia,
un ataúd de lunas tendido en las baldosas.
Estamos en Cataluña en llamas
o en cualquier lugar distante.
Las piedras a pleno sol, al farallón de Fraguas.
Olvídate del sueño y su festín de plumas,
reposante en su himen de giganta
y sus labios de arena.
Dejé ruidos de puertas, contraseñas, pasajes,
la terminal en brumas, el ómnibus cansado.
El caballo viajero se desnudó en la cuadra
en busca de su yegua.
Si naciste en Fraguas
olvídate de todo.
Fraguas es una hoja en blanco.

La memoria no existe.

domingo, 19 de marzo de 2017

Cuatro poemas de Hilda Doolittle


**

¿Por qué has venido
a perturbar mi ocaso?
Soy vieja (vieja fui hasta que llegaste);

la más roja de las rosas se despliega
lo cual es irrisorio
en esta época, este sitio:

es impropio, imposible
y aún ligeramente escandaloso),
la más roja de las rosas se despliega;

(y eso, nadie puede detenerlo,
ninguna inmanente amenaza del aire,
ni aun el mal tiempo

que estraga nuestra fruta del verano),
la más roja de las rosas se despliega
(tendrán que tomarlo en cuenta).


**

Llévame dondequiera, dondequiera;
en ti me adentro,
Dogo -Venecia-,

toda mi hacienda eres tú;
me escondería en tu cabeza
como un niño en un ático

y, allí, ¿qué encontraría?:
¿religión o magia? -¿ambas? ¿ninguna?
¿la una o la otra?, juntas, afines

acopladas, exactamente iguales,
iguales en poder, juntas aunque separadas,
el ámbar de tus ojos.


**

Venecia -¿Venus?
Esta debe ser mi posición,
mi actitud: aunque tú descartaste

mi poema,
no puedo rehuirlo
aunque lo he intentado;

es cierto, era "fascinante...
para quien resista su preciosismo",
escribiste acerca de lo que yo escribía;

¿y por qué debo yo escribir?
Esto no debería importarte,
pero Ella descorre el velo,

me quita la venda de los ojos,
ordena:
escribe, escribe o muere.


**

¿eres tú?
¿es alguna estruendosa manada
de novillos, de toros? ¿es sólo uno?

¿son muchos?
voces del pasado, del futuro,
hasta aquí, no más allá,

ahora, el total abatimiento;
¿alguna vez estuviste en este sitio?
¿alguna vez estuviste en este cuarto?

¿cómo pude resistir tu presencia,
y después, una vez sola,
en un lugar extraño, junto a otros,

palabras tontas las mías,
y tú que no querías beber nuestro vino
("¿jugo de fruta, entonces?" - "sí"),

y tú que no querías tocar nuestra sal
-y almendras, nueces- ¿qué sucedía?
habías llegado tan tarde,

¿por qué no llegaste antes?
mejor no hubieras llegado
¿por qué has venido

a perturbar mi ocaso?
soy vieja
(vieja fui hasta que llegaste).


**

¿Es el recuerdo, sobre todo, asunto
de ramitas, hojas, hierba, piedras?
Eso es, hasta donde yo creo,

pero ramitas, hierba, piedras
y el ligero sedimento arenoso
son parte de Egina, la isla,

Y la isla es ella misma, ella;
hay quienes dicen que Higia está dando
de comer de una taza a una serpiente:


pequeña, amistosa y no tan augusta
como la ateniense Parténope,
pueda Atenea Higia ser

nuestra cercana patrona personal;
extraigo una pequeña piña de pino
entre las algas desparramadas:

cuyas espículas de sal
destacan sobre el médano reseco,
y no es preciso que vuelva mi cabeza

para asegurarme del banco de roca
dentado cual caracol marino;
conozco todo esto porque estuve aquí

antes de que todo terminara,
antes de que supiera de una intimidad
tan cercana como el aire.


**

¿Adónde, adónde, adónde voy?
Conozco el camino pero mi paso es incierto
cuando vuelvo a ganar humanidad;

no puedo, indecente, aferrarme a tus áloes,
tus palmeras...¿o acaso puedo?
¿Es indecente la flaqueza del cuerpo?

Así parece cuando pienso en Bar-Isis,
ese Memnón del desierto:
¿eran irónicas sus palabras?

"Te ves bien", me dijo,
y esas fueron sus últimas palabras
cuando lo vi en un sitio extraño, en compañía

de otros; me escribiría, dijo,
y escribió, y respondí, y aguardé otra carta,
pero aquello al parecer había acabado.

No llegaba él a los 40.
Yo pasaba de los 70 y volví entonces a leerte.
Quisiera recordar, tu Istar, Baal, o algún otro,

y dejar que la humanidad siga su paso;
arrogante, impudente, no quiero detenerme,
no quiero mirar hacia abajo;

lo insondable te pertenece,
arena, duna, montón y montículo,
continente, imperio; yo dejé atrás peces alados

y cardúmenes que eran auténticos meteoros;
nunca necesito hablar: soy tan insignificante
para ellos como lo era en las alturas aéreas;

sí, Egina me engendró,
y allí están tú y el Bosquecillo, pero
para acabar debo rastrear al tal Asmodeo,

París, Bar-Isis: reptar hasta su cueva,
con mi mano golpear contra su pecho,
despertar su corazón al momento presente...

Poemas extraídos de "Definición hermética". Traducción correspondiente a Ulalume González de León.

jueves, 16 de marzo de 2017

Tres poemas de Natalia Toledo Paz







Xcu badudxaapa’ huiini’

Napa’ ti bandá’ biree lu gui’chi’ die’ guendadxiña
dxa’ nisa guielua’ ne ruaa’ nagapi ti guie’
guyuu tuxa ndaani’ bandá’ gui’chi’
ne guxha de xcú xa guie’.


Niña con raíces

Tengo una foto en sepia
con los ojos llenos de agua y una flor en los labios
alguien entró a esa foto
y arrancó de raíz la flor.




Yoo lidxe’

Dxi guca’ nahuiini’ guse’ ndaani’ na’ jñaa biida’
sica beeu ndaani’ ladxi’do’ guibá’.
Luuna’ stidu xiaa ni biree ndaani’ xpichu’ yaga bioongo’.
Gudxite nia’ strompi’pi’ bine’ laa za,
ne guie’ sti matamoro gúca behua xiñaa bitua’dxi riguíte nia’ ca bizana’.
Sica rucuiidxicabe benda buaa lu gubidxa zacaca gusidu lu daa,
galaa íque lagadu rasi belecrú.
Cayaca gueta suquii, cadiee doo ria’ ne guixhe, cayaca guendaró,
cayaba nisaguie guidxilayú, rucha’huidu dxuladi,
ne ndaani’ ti xiga ndo’pa’ ri de’du telayú.


Casa primera

De niña dormí en los brazos de mi abuela
como la luna en el corazón del cielo.
La cama: algodón que salió de la fruta del pochote.
Hice de los árboles aceite, y a mis amigos les vendí
como guachinango la flor del flamboyán.
Como secan los camarones al sol, así nos tendíamos sobre un petate.
Encima de nuestros párpados dormía la cruz de estrellas.
Tortillas de comiscal, hilos teñidos para las hamacas,
la comida se hacía con la felicidad de la llovizna sobre la tierra,
batíamos el chocolate,
y en una jícara enorme nos servían la madrugada.




Ra ruzulú guidxilayú

Gucanu jlaza diuxi,
guie’, bidxiña ne migu
gucanu yaga gucheza bele,
bacaanda’ ne libana guní’ bixhoze bidanu.
Biabanu ndaani’ gui’xi’
gubidxa bitiidi’ baxa sti’ ladxido’no,
gucanu pumpu ¡au!
gucanu nisa ¡au!.
Yanna nacanu dé biaana
xa’na’ guisu guidxilayú



Origen

Fuimos escama de Dios,
flor, venado y mono.
Fuimos la tea que partió el rayo
y el sueño que contaron nuestros abuelos.
Caímos en el monte
y el sol nos atravesó con su flecha,
fuimos cántaro¡au!,
fuimos agua ¡au!.
Ahora somos ceniza
bajo la olla del mundo.

Dos poemas de Stefania Onidi





A mí misma

Cuando estás sola
eres como el silencio,
inmóvil y sincera.
abierta como un pimpollo
tienes el olor de la noche.

A me stessa

Quando sei sola
sei come il silenzio,
immobile e sincera.
Dischiusa come un bocciolo
hai l'odore della notte.



Fleurs

He llenado la casa de flores
para no sentirme
sola,
para defenderme
para liberarme
de esta absurda estación
de inciertas emociones
de secretos miedos.


Fleurs

Ho riempito la casa di fiori.
Per non sentirmi
sola,
per difendermi
per liberarmi
da questa assurda stagione
di malcerte emozioni
di segrete paure.


La traducción pertenece a Carlos Vitale. Poemas extraídos del libro "Doce Poetas Italianas para el siglo XXI".

sábado, 11 de marzo de 2017

La poesía no es un lujo de Audre Lorde


La calidad de la luz con la que observamos nuestras vidas tiene un efecto directo sobre la manera en que vivimos y sobre los cambios que pretendemos lograr con nuestro vivir. En esta luz concebimos la ideas mediante las que tratamos de descubrir nuestro mundo mágico y de hacerlo realidad. Y esto es, la poesía entendida como iluminación, puesto que a través de la poesía damos nombre a las ideas que, hasta que surge el poema, no tienen nombre ni forma, ideas aun por nacer pero ya intuidas. La destilación de la experiencia de la que brota la auténtica poesía da a luz al pensamiento tal como los sueños dan a luz a los conceptos, o como los sentimientos dan a luz a las ideas y el conocimiento da a luz (precede) al entendimiento.
A medida que aprendemos a soportar la intimidad con esa observación constante y a florecer en ella, a medida que aprendemos a utilizar los resultados del escrutinio para fortalecer nuestra existencia, los miedos que rigen nuestras vidas y conforman nuestros silencios comienzan a perder el dominio sobre nosotras.
Todas y cada una de nosotras, las mujeres, poseemos en nuestro interior un lugar oscuro donde nuestro autentico espíritu oculto crece y se alza “hermoso/ y solido como un castaño/ puntal contra (v) nuestra pesadilla de debilidad” e impotencia.
Estos ámbitos internos de potencialidad son oscuros porque son antiguos y recónditos; han sobrevivido y han cobrado fuerza en la oscuridad. En estos profundos lugares, todas albergamos una reserva increíble de creatividad y fuerza, de emociones y sentimientos que no hemos analizado y de los que no somos conscientes. El ámbito de poder que cada mujer posee en su interior no es blanco ni superficial; es oscuro, vetusto y profundo.
Cuando concebimos el modo de vida europeo como un mero problema a resolver, pretendemos alcanzar la libertad basándonos tan solo en nuestras ideas, porque los padres blancos nos dijeron que lo valioso son las ideas.
Pero a medida que ahondamos en el contacto con nuestra conciencia ancestral y no europea, que ve a la vida como una situación que debe experimentarse y con la que hay que interactuar, vamos aprendiendo a valorar nuestros sentimientos y a respetar las fuentes ocultas del poder de donde emana el verdadero conocimiento y por tanto, la acción duradera.
Estoy convencida de que, en nuestros tiempos, las mujeres llevamos dentro la posibilidad de fusionar estas dos perspectivas, tan necesarias ambas para la supervivencia, y de que es en la poesía donde mas nos acercamos a esa combinación. Me refiero a la poesía entendida como reveladora destilación de la experiencia y no al estéril juego palabras que, tantas veces, los padres blancos han querido hacer pasar por poesía en un intento de camuflar el desesperado deseo de imaginar sin llegar a discernir.
Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital. Ella define la calidad de la luz bajo la cual formulamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, que se plasman primero en palabras, después en ideas y, por fin, en una acción mas tangible. La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento. Los mas amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están empedrados con nuestros poemas, labrados en la roca de las experiencias cotidianas.
A medida que los vamos conociendo y aceptando, nuestro sentimientos, y la honesta indagación sobre ellos, se convierten en refugio y semillero de ideas radicales y atrevidas. Se convierten en baluarte de esa diferencia tan necesaria para el cambio y la conceptualización de cualquier acción fructífera. Ahora mismo podría enumerar cuando menos diez ideas que me habrían parecido intolerables, incomprensibles y pavorosas si no hubieran surgido tras un sueño o un poema. No estoy hablando de vanas fantasías, sino de una atención disciplinada al verdadero significado de la frase “me hace sentir bien”. Podemos entrenarnos para respetar nuestros sentimientos y traducirlos a palabras que nos permitan compartirlos. Y cuando las palabras necesarias aun no existen, la poesía nos ayuda a concebirlas. La poesía no solo se compone de sueños y visiones; es la estructura que sustenta nuestras vidas. Es ella la que pone los cimientos de un futuro diferente, la que tiende un puente desde el miedo a lo que nunca ha existido.
Las posibilidades no son eternas ni tampoco instantáneas. No es fácil mantener la confianza en su eficacia. En algunas ocasiones, tras largos y denodados esfuerzos por construir la base de la autentica resistencia contra las muertes que nos tocara vivir, esa base se viene abajo o se tambalea por culpa de las falacias que nos enseñaron a fundar nuestra seguridad. Las mujeres nos sentimos disminuidas y debilitadas por la acusación, falsamente benévola, de que somos infantiles, particularistas, volubles y sensuales. Habría que preguntarse: Estoy modificando tu aura, tus ideas, tus sueños, o simplemente te estoy impulsando a tener una reacción temporal? Esta tarea que no es sencilla, ha de entenderse en el contexto de la necesidad de un cambio autentico en los fundamentos de nuestras vidas.
Los padres blandos nos dijeron “Pienso, luego existo”. La madre negra que todas llevamos dentro, la poeta, nos susurra en nuestros sueños: “Siento, luego puedo ser libre”. La poesía acuña el lenguaje con el que expresar e impulsar esta exigencia revolucionaria, la puesta en practica de la libertad.
Ahora bien, la experiencia nos ha enseñado que, además, siempre es necesaria la acción en el momento presente. Nuestros hijos no pueden soñar si no viven, no pueden vivir si no los alimentamos, y quien si no podrá proporcionarles ese autentico alimento sin el cual sus sueños no podrán ser distintos de los nuestros? “Si queréis que algún día lleguemos a cambiar el mundo, por lo menos tendréis que concedernos el tiempo necesario para que nos hagamos mayores!”, grita el niño.
A veces nos drogamos a base de soñar nuevas ideas. El pensamiento nos salvará. El cerebro nos liberará. Pero lo cierto es que no tenemos en reserva ideas nuevas que puedan rescatarnos como mujeres, como seres humanos. Tan sólo existen las ideas viejas y olvidadas; una vez que las reconozcamos en nuestro interior, podremos realizar con ellas nuevas combinaciones, nuevas extrapolaciones, y hacer acopio de valor para ponerlas en practica. Y en todo momento hemos de infundirnos ánimo a nosotras mismas y unas a otras para poner a prueba esas acciones heréticas que están implícitas en nuestros sueños y desacreditadas por nuestra forma de pensar tradicional. Sólo la poesía, desde la vanguardia de la lucha por el cambio, insinúa las posibilidades que pueden hacerse realidad. Nuestros poemas formulan las implicaciones nacidas de nuestro ser, lo que sentimos profundamente y nos atrevemos a plasmar en realidad (al actuar en consonancia) nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros más íntimos terrores.
Nuestros sentimientos no estaban llamados a sobrevivir en una estructura de vida definida por el beneficio, por el poder lineal, por la deshumanización institucionalizada. Los sentimientos se han conservado como adornos inevitables o como agradables pasatiempos, con la esperanza de que se doblegaran ante el pensamiento tal y como se esperaba que las mujeres se doblegaran ante los hombres. Pero las mujeres han sobrevivido. Y también los poetas. Y no hay nuevos dolores. Ya los hemos sentido todos. Los hemos escondido en el mismo lugar donde tenemos oculto nuestro poder. Ambos afloran en los sueños, y los sueños nos señalan el camino de la libertad. Podemos plasmar los sueños en nuestros poemas pues éstos nos dan la fortaleza y el valor de ver, de sentir, de hablar y de ser audaces.
Si desdeñamos lo que necesitamos para sonar, para mover nuestro espíritu profundamente, a través de la promesa y hacia ella, si lo consideramos un lujo, estamos renunciando a la esencia, a los fundamentos de nuestro poder, de nuestra condición de mujeres: estamos renunciando al futuro de nuestro mundo.
Porque no existen ideas nuevas. Tan sólo existen nuevos medios de sentirlas, de examinar cómo se sienten esas ideas viviéndolas un domingo a las siete de la mañana, después del desayuno, en pleno frenesí amoroso, haciendo la guerra, dando a luz o llorando a nuestros muertos… mientras sufrimos por los viejos anhelos, batallamos contra las viejas advertencias y los miedos a estar en silencio, impotentes, solas, mientras saboreamos las nuevas posibilidades y nuestra nueva fortaleza.