jueves, 27 de noviembre de 2014

Desprendimiento

Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago...
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio...
En silencio,
¡Dios mío!...


Dulce María Loynaz


sábado, 8 de noviembre de 2014

Los estatutos del hombre



Los estatutos del hombre/ Thiago de Mello

Artículo 1.
Queda decretado que ahora vale la vida,
que ahora vale la verdad,
y que de manos dadas
trabajaremos todos por la vida verdadera.


Artículo 2.
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo 3.
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas deben permanecer el día entero
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Artículo 4.
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más
dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.

Parágrafo único:
El hombre confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Artículo 5.
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio
ni la armadura de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con la mirada limpia,
porque la verdad pasará a ser servida
antes del postre.

Artículo 6.
Queda establecida, durante diez siglos,
la práctica soñada por el profeta Isaías,
y el lobo y el cordero pastarán juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.

Artículo 7.
Por decreto irrevocable
queda establecido
el reinado permanente
de la justicia y de la claridad.
Y la alegría será una bandera generosa
para siempre enarbolada
en el alma del pueblo.

Artículo 8.
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama,
sabiendo que es el agua
quien da a la planta el milagro de la flor.

Artículo 9.
Queda permitido que el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Pero que sobre todo tenga siempre
el caliente sabor de la ternura.

Artículo 10.
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso del traje blanco.

Artículo 11.
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama,
y que por eso es bello,
mucho más bello que la estrella de la mañana.

Artículo 12.
Decrétese que nada estará obligado ni prohibido.
Todo será permitido.

jueves, 30 de octubre de 2014

Hoy dejó de caminar mi padre


El destino no termina de sustraer mi ánimo
La relatividad de las noticias 
se encapsula en sus dos piernas
en el sueño de los encadenados
por la lepra moderna.
Y aún continúa su espalda corintia
exenta de la pátina cancerosa
El pecho no se define
Nunca se termina de
estar triste
a eso se resume
la alegría.

Arely Jiménez

De "La noche es otra sombra", Premios Universitarios 2008-2012, Universidad Autónoma de Aguascalientes.

martes, 21 de octubre de 2014

¿De qué hablamos cuando hablamos del tiempo?



De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro, lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.

Y qué es el silencio…
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.

Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos

Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos…

En el fondo del alma
hay un mar de silencio.


Teresa Martín Taffarel

lunes, 20 de octubre de 2014

Escribir el instante

Escribir el instante
que no es poco.
Inventarlo, intentarlo
con palabras indóciles.
Acomodar los signos
en desacuerdo con el día.
Saber un poco más
o un poco menos.
Y adivinar que mañana
habrá otro borrador indescifrable.

Teresa Martin Taffarel



sábado, 27 de septiembre de 2014

Las cosas



Se van yendo las cosas

en un ritual tranquilo.


No sé si desaparecen

o sólo cambian de lugar.

Sólo sé que son menos

las cosas y parecen perderse

alrededor de mí

en una neblina blanca.


Esa luz de la tarde las protege.


























                         
                                                          Los días se van llevando las cosas que he querido.

Con pasos secretos, a mi espalda

se desvanecen. Las cosas

que supuse que eran mías.


Y cada vez me siento 

más solo, pero más ligero.

Un emigrante, digamos,

que ha perdido su equipaje

pero no lo lamenta.



Creo que mi vida

ha sido un ir dejando cosas

extraviadas, inútiles

y queridas

en lugares que he olvidado.



Jorge Fernández Granados

domingo, 21 de septiembre de 2014

El erizo

EL ERIZO

El erizo despierta al fin en su nido de hojas secas,
y acuden a su memoria todas las palabras de su lengua,
que, contando los verbos, son poco más o menos veintisiete.

Luego piensa: El invierno ha terminado,
Soy un erizo, Dos águilas vuelan sobre mí;
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?
Ahí está el río, Es mi territorio, Tengo hambre.

Y vuelve a pensar: Es mi territorio, Tengo hambre,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?

Sin embargo, permanece quieto, como una hoja seca más,
porque aún es mediodía, y una antigua ley
le prohibe las águilas, el sol y los cielos azules.

Pero anochece, desaparecen las águilas, y el erizo,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
Desecha el río y sube por la falda de la montaña,
tan seguro de sus púas como pudo estarlo
un guerrero de su escudo, en Esparta o en Corinto;

Y de pronto atraviesa el límite, la línea
que separa la tierra y la hierba de la nueva carretera,
de un solo paso entra en su tiempo y el mío;
Y como su diccionario universal
no ha sido corregido ni aumentado
en estos últimos siete mil años,
no reconoce las luces de nuestro automóvil,
y ni siquiera se da cuenta de que va a morir.

Bernardo Atxaga

Yelena Bryksenkova

jueves, 4 de septiembre de 2014

Tanto he vivido sin haber vivido


La vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente. Es un viaje del espíritu a través de la materia y, como es el espíritu quien viaja, es en él donde se vive. Hay, por eso, almas contemplativas que han vivido más intensa, más extensa, más tumultuosamente que otras que han vivido externas. El resultado lo es todo.

Lo que se ha sentido ha sido lo que se ha vivido. Uno se recoge de un sueño como de un trabajo visible. Nunca se ha vivido tanto como cuando se ha pensado mucho.

Quien está en el rincón de la sala baila con todos los bailarines. Lo ve todo y, porque lo ve todo, lo vive todo. Como todo, en suma y ultimidad, es una sensación nuestra, tanto vale el contacto con un cuerpo como su visión o, incluso, su simple recuerdo. Bailo, pues, cuando veo bailar. Digo, como el poeta inglés, al narrar que contemplaba, tumbado en la hierba, a tres segadores: «Un cuarto está segando, y ése soy yo».

Viene todo esto, que va dicho como va sentido, a propósito del gran cansancio, aparentemente sin causa, que ha descendido hoy súbitamente sobre mí. Estoy, no sólo cansado, sino amargado, y la amargura es también desconocida. Estoy, de tan angustiado, al borde del llanto —no de lágrimas que se lloran, sino que se reprimen, lágrimas de una enfermedad del alma, que no de un dolor sensible-.


¡Tanto he vivido sin haber vivido! ¡Tanto he pensado sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias paradas, de aventuras tenidas sin movimiento.

Estoy harto de lo que nunca he tenido ni tendré, tedioso de dioses por existir. Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que he evitado. Mi cuerpo muscular está molido del esfuerzo que no he pensado en hacer.

Empañado, mudo, nulo… El cielo alto es el de un verano muerto, imperfecto. Lo miro como si no estuviese allí. Duermo lo que pienso, estoy echado andando, sufro sin sentir. Mi gran nostalgia lo es de nada, es nada, como el cielo alto que no veo, y que estoy mirando impersonalmente.

Pessoa
Susan Sontag en su casa.

martes, 26 de agosto de 2014

Besos (fragmento) de Tomás Segovia

Nunca había leído un poema de largo aliento con temática erótica tan hermoso, ninguna imagen supera a la otra, la belleza aquí es exponencial. Nunca, es la primera vez, lo juro.

Cuando estaba en segundo semestre de la carrera en Letras Hispánicas, murió Tomás Segovia, un compañero de noveno semestre, en ese entonces, hizo una lectura en honor a Segovia, la imagen de los pezones erectos como alfileres fue algo que se me prendió a la memoria, de tan fuerte, de tanta poesía. No obstante, nunca busqué el poema como tal, hasta hoy.

Me limito a compartir el fragmento con la misma imagen que me ha hecho volver a este poema.






besaré tus pechos globos de ternura 

besaré sobre todo tus pechos más tibios que la convalecencia 

más verdaderos que el rayo y que la soledad 

y que pesan en el hueco de mi mano como la evidencia en la mente del sabio 

tus pechos pesados fluidos tus pechos de mercurio solar 

tus pechos anchos como un paisaje escogido definitivamente 

inolvidables como el pedazo de tierra donde habrán de enterrarnos 

calientes como las ganas de vivir 

con pezones de milagro y dulces alfileres

que son la punta donde de pronto acaba chatamente

la fuerza de la vida y sus renovaciones 

tus pezones de botón para abrochar el paraíso 

de retoño del mundo que echa flores de puro júbilo

tus pezones submarinos de sabor a frescura 

besaré mil veces tus pechos que pesan como imanes

y cuando los aprieto se desparraman como el sol en los trigales 

tus pechos de luz materializada y de sangre dulcificada 

generosos como la alegría de aceptar la tristeza 

tus pechos donde todo se resuelve 

donde acaba la guerra la duda la tortura

y las ganas de morirse


domingo, 10 de agosto de 2014

Si no fuera

La ola sigue a la ola
entre el cielo y su destino.

El camino es largo.
Lo sabe mi corazón que gira
entre la noche y el día.

¡Ay, si no fuera
por el calor del sol
y el perfume de la tierra!

¡Si no fuera porque hasta la ceniza
guarda su amor al fuego,
y recuerda, y suspira!

Mi corazón bajo la luz,
entre el viento y la yerba
se pararía.

Dolores Castro

viernes, 8 de agosto de 2014

Amigo Íntimo

Y, con todo, ya veis, no tengo miedo.
Lo tuve, sí, lo tuve cuando era
la luna un círculo de luz helada,
el agua una llamada irresistible,
los árboles un grito monstruoso
de la tierra, y mis manos un extraño
temblor. Hoy no. Estoy libre, estoy atenta
a mis propias pisadas, que no evitan
tropezar con los huesos esparcidos
de la desolación que me rodea.
Estoy casi contenta de irme lejos,
acarreo abundancias abusivas,
enseres inservibles, semilleros
que tienen que brotar por el camino...
El miedo era un hermano muy pequeño
que había que cuidar de que pudiera
caerse y añadirse hasta volverse
un pánico feroz, era una leve
suavísima ternura, tan querida,
que había que cubrir hasta asfixiarla
para que no creciese más. (Su muerte
se duerme aquí en la mía de algún modo).
No tengo miedo, y por lograr ahora
la paz, me voy sin él. (Dadle una tierra
benigna a su cadáver, casi el mío).
Ya veis, por no tener, ya ni siquiera
tengo a mi amor de siempre, al pobre miedo
que tan fiel compañía dio a mi vida.

María Beneyto

jueves, 31 de julio de 2014

Tiempo definido


Está bien que la vida de vez en cuando
nos despoje de todo.
En la oscuridad los ojos aprenden
a ver más claramente.
Cuando la soledad es el vacío intenso
del cuerpo y de las manos,
hay caminos abiertos hacia lo más profundo
y hacia lo más distante.
En el silencio las amadas voces
renuevan dulcemente sus palabras
y los muros custodian el rumor infinito
de los ausentes pasos.
Los labios que antes fueran
sitio de amor en las calladas tardes
aprenden la grandeza
de la canción rebelde y angustiada.
Hay un viento en suspenso sobre los altos árboles,
un repique de lluvia
sobre ruinas oscuras y humeantes,
un gesto en cada rostro
que dice de amargura y vencimiento.


Sigue un lento caer de horas inútiles,
desprendidas del tiempo,
y más allá de todo lo que formaba
el círculo pequeñito del mundo,
"aquel mundo cerrado, con sus vagas estrellas
y su bruma de sueño",
despierta inmensamente la herida voz del hombre
poblador de la tierra.
Antes estaban lejos, casi desconocidos,
el combate y el trueno.
Ahora corre la sangre por los cauces iguales
del odio y la esperanza,
sin que nada detenga la invasora corriente
de las fuerzas eternas.

Maruja Vieira

martes, 29 de julio de 2014

Para calentarse las manos



















Para calentarse las manos
en el brasero que brilla
al otro lado
de la mesa,

los cosmonautas
proyectarían
un viaje alrededor
del universo.

Nosotros descorremos la cortina
y las galaxias todavía sin nombre
andan danzando
con nosotros.

Desiderio Macías Silva

miércoles, 23 de julio de 2014

LA FELICIDAD DE ESTAR SOLA



Me rodearé de silencio
y florecerán en mí voces.
Me cerraré
y habrá más lugar en mí.
Como los pechos libres de corpiño
se me airearán
mis ideas y las ajenas.
Naceré bajo mi propia mirada
estallaré en mí
como una ramificación.
Me alejaré de todo
y todo entrará en mí.
Veré la existencia y su relieve
y la sombra que arroja
ese relieve.
Veré cada verdad,
como recién lavada.
La soledad me dará a mí misma
y al mundo.

Ana Swirszczynska

domingo, 20 de julio de 2014

Arte poética


"Si el poema no sirve para imponer al nombre de las cosas
otro nombre y a su silencio otro silencio,
si no sirve para hender el día
en dos mitades como otros dos días relucientes
y para decir a cada uno
lo que cada uno quiere o necesita
o no se ha dicho nunca a sí mismo.

Si el poema no sirve para que el amigo o la amiga
entren en él como en un amplio recinto
y se sienten a conversar largamente con un vaso
de vino en la mano
sobre las raíces del tiempo o el sabor del coraje
o de lo que tardan en llegar este año los fríos.

Si el poema no sirve para quitarle el sueño a un canalla
o ayudar a dormir al inocente,
si es inútil para el deseo y el asombro,
para la memoria o el olvido.

Si el poema no sirve para hacer del que escucha
un fanático
que el poeta se calle."

Alberto Vanasco.

sábado, 12 de julio de 2014

Poema íntimo





























Si solamente tengo palabras y palabras
para decir mi angustia, mi sed de eternidad,
y las palabras son espejos desolados
que sus aguas no pueden la imagen reflejar.

Si en mis entrañas siento el vivo calosfrío
del misterio de Dios, que quisiera expresar,
pero al querer hacerlo me fallan las palabras
porque la idea no cabe y las hace estallar.

¿Con qué pintar la espera que nace de mi sangre,
la voz que me circula, mi lejano mirar,
si las palabras son instantes de agonía
que en ecos se transforman, y mueren al azar?

¿Con qué grabar la línea del cuerpo imaginado,
lo que sin ojos veo en mi ausencia carnal,
si las palabras son corolas de vacío
que al caerles mis sueños, no los pueden guardar?

¿Con qué grabar la línea del cuerpo imaginado,
las heridas de aroma que me deja el amor,
si las palabras son cadáveres errantes
y es imposible darles un nuevo corazón?

Si pudiera -no quiero- desterrar de mí mismo
este afán indomable de querer explicar
los estremecimientos del infierno secreto,
que no cesa un instante de crecer y de dudar...

Si pudiera -no quiero- asfixiar la locura
que vuela sin sosiego tratando de encontrar
el lenguaje preciso, capaz de dar idea
de lo que ante el misterio me atrevo a imaginar...

Mas tengo por la fuerza que sentir lo que siento,
que sufrirlo en silencio y al exterior callar.
Poeta sin palabras, ¡qué terrible tormento!,
mi voz impronunciada me tiene que matar.


Elías Nandino

miércoles, 9 de julio de 2014

Elegías del amado fantasma







PRIMERA ELEGÍA


I

Inclinada, en tu orilla, siento como te alejas.
Trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y fríos.
Huyen contigo todas las nítidas imágenes,
el hondo y alto cielo,
los astros inventados, la vehemencia
ingrávida del canto.

Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se tienden como brazos en el aire
y quieren prolongarse en bandadas de pájaros
para seguirte adonde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina,
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata.

Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.


II

Allá está el mar que no reposa nunca.

Allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma,
las olas retumbando y persiguiéndose.
Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.


III

Yo quedaré dormida como el árbol
al que no abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni corona los nidos
ni rasgan su corteza verdes retoños tiernos.
Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al escombro de un espejo roto.

Si alguna vez me inclino como ahora
con un además trémulo de sauce
habrá de ser para asomarme en vano
al opaco arenal que abandonaste.




SEGUNDA ELEGÍA

I

Convaleciente de tu amor y débil
como el que ha aposentado largamente en sí mismo
agonías y fiebres,
salgo, purificada y tambaleante,
al reclamo de calles y de patios.
¡Qué algarabía de ruidos confusos y de olores
mezclado! ¡Qué agresivo
desorden de colores esparcidos!

Con los cinco sentidos sellados yo recibo
en mansedumbre el sol sobre mi espalda.

Las hormigas circulan a mis plantas.

Si alguien me sacudiera despertara
en un extraño mundo, frágil y húmedo,
como bañado en lágrimas.


II

No es en el costado la herida, ni en las sienes.
Las manos palparían sin hallarla
y el que escuche las quejas atiende señas falsas
y confía en palabras inexactas.
No es siquiera una herida. Es el cimiento
roído de gusanos, la escalera
incompleta y las aguas estancadas.


III

Arrullo mi dolor como una madre a su hijo
o me refugio en él como el hijo en su madre
alternativamente poseedora y poseída.
No supe aquella tarde
que cuando yo decía adiós tú decías muerte.

Ahora no es posible saber nada.

Para dejar caer, rendida, mi cabeza
busco una piedra lisa por almohada.
No pido más que un limbo de soledad y hastío
que albergue mi ternura derrotada.



TERCERA ELEGÍA



I

Como la cera blanda, consumida
por una llama pálida, mis días
se consumen ardiendo en tu recuerdo.
Apenas iluminas el túnel de silencio
y el espanto impreciso
hacia el que paso a paso voy entrando.

Algo vibra en mi ser que aún protesta
contra el alud de olvido
que arrastra en pos de sí a todas las cosas.
¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme,
alumbrar como lámpara
alimentada de tu vivo aceite
en una hoguera poderosa y clara!

Pero ya nada alcanza a rescatarme
de la tristeza inerte que me apaga.

Grandes espacios ciernen finas nieblas
entre tu rostro y los que aquí te borran.
Tu voz es casi un eco
y lejos resplandece tu mirada.


II

Como queriendo sorprender tu ausencia
desnuda, abro las puertas de improviso
y acecho las ventanas entornadas.

Encuentro las estancias desiertas y sombrías
donde el vacío congela sus perfiles
ciñéndose a la línea de tu cuerpo.

Es como una profunda y simple copa
para beber la integridad del llanto.


III

Tal vez no estés aquí dominando mis ojos,
dirigiendo mi sangre, trabajando en mis células,
galvanizando el pulso de tinieblas.

Tal vez no sea mi pecho la cripta que te guarda.

Pero yo no sería si no fuera
este castillo en ruinas que ronda tus fantasmas.


viernes, 13 de junio de 2014

Canción de amor para tiempos difíciles

Difícil escribir te quiero con locura.
Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos
si les roban la magia sonora de tu cuerpo?
Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos.
Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia.
Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante.
Y resulta que estamos.
La ley de gravedad no nos perdona.
Difícil es decir te quiero en estos tiempos.
Te quiero con urgencia.
Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas.
Para decir te quiero. Así. Sencillamente.
Y que tu amor me salva del aullido nocturno
cuando loba demente la fiebre me arrebata.
No quiero que me duela la falta de ternura.
Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero. Así.
Entre tanto gris. Tanta corcova junta.
Cómo puedo aspirar la transparencia.
Retomar esta voz tan desgastada.
Esta costumbre antigua para decir te quiero.
Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo.
Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo.

Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro.
Destrozan los espacios donde el amor se guarda.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Si no fuera imposible olvidar esta rabia.
Mi reloj. Su tic-tac. La ruta hacia el cadalso.
Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Plasmaría este verso con su cadencia cursi.
Si fuera así de simple escribir que te quiero.


María Elena Cruz Varela

viernes, 6 de junio de 2014

Adán y Eva



VII


-¿Qué es el canto de los pájaros, Adán?

-Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire, temblar.

-Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas. ¿Por qué?, ¿por qué no estoy madura yo?

-Cuando estés madura te vas a desprender de ti misma, y lo que seas de fruta se alegrará, y lo que seas de rama quedará temblando. Entonces lo sabrás. El sol no te ha penetrado como al día, estás amaneciendo.

-Yo quiero cantar. Tengo un aire apretado, un aire de pájaro y de mí. Yo voy a cantar.

-Tú estás cantando siempre sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta, y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.




VIII


-Hace tres días salió Adán y no ha vuelto. Ay, yo era feliz, yo era feliz.

He tenido miedo, no he podido dormir.

Estoy sola, ¿por qué no regresa? Salí a buscarlo pero él no estaba, lo llamé. Me asusta la noche, ¿qué puedo hacer sin él? Todo es muy grande, muy largo, sin rumbo. Estoy perdida, rodeada de cosas extrañas. ¿Qué vas a encontrar?


Y Eva se ha quedado dormida. Y estaba dormida cuando llegó Adán.

Adán llegó cansado pero no descansó. Se puso a mirarla, y la estuvo mirando por primera vez.




Jaime Sabines

lunes, 2 de junio de 2014

2


De arpa y jaranas precedido,
hoy quiero vestirte de colores;
en paz porque te miro, y pienso
en tus ojos cuando me nombras
y en qué bonitas piernas tienes.

La boca me sabe como a flores
sólo con pensar en recordarte.

Y a procurarte vengo, amándote
sin presumirte de valiente
ni de joven; por el puro gusto
de consentirte, a saludarte.

Todo brilla como de milagro;
es como volar de madrugada,
ay mamá, y hallarte de repente
pintada de rosas y de estrellas.

Porque estoy bien del corazón;
porque me has dado de la copa
de quemadas mieles de tus ojos,
me acusan de borracho; porque
no puedo andar derecho, y canto
por sentirme a gusto, y a huapangueo.

Soy capitán, aunque me digan
marinero. Cierto: estoy borracho
de ti. Me he ganado que me acusen.

Lo que volando viene, dicen,
volando se va; como volando
te hallé; tal vez te irás mañana.
Hoy estás aquí. Mañana, acaso,
me afligiré. Será otro día.

Ya te saludé; me voy ahora
seguido del arpa y las jaranas.
Tu mano dame, te lo pido;
dame tu mano, me despido.

Trovas del Mar Unido, Rubén Bonifaz Nuño

domingo, 1 de junio de 2014

Su mirada hacía tierna la luz

Él sabía amar a la naturaleza. "Ansío -dijo- conocer lugares remotos", y empezó a caminar haciendo malabarismos afortunados con la vida.

Su corazón hablaba una lengua que entendían los sabios y los niños, y cuando lloraba o reía era sin el brillo de la malicia; por eso su mirada hacía tierna la luz de los pueblos donde pasaba.


Enriqueta Ochoa

jueves, 29 de mayo de 2014

Poemas a Cris de Julio Cortázar

1

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol

o tal vez
el amor.

Julio Cortázar

miércoles, 28 de mayo de 2014

PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa.
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás.
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga.
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Luz y sombra, Juan Rulfo.


Julio Cortázar

domingo, 25 de mayo de 2014

El sauce y el río: Amante y amado




Sauce, mírate en mí. Me pondré quieta
para servir de espejo a tu ramaje.
Sauce, ¿no tienes sed? ¿Te gusta el traje
que el sol me ha puesto? ¿Qué ansiedad secreta

te hace inclinar los gajos pensativos?
¡Eres tan claro, sauce, y tan hermoso!
Susúrrame tu pena. Ve: yo vivo
pendiente de tu angustia o de tu gozo.

Grano por grano roeré la tierra
que tus raíces avarienta encierra
impidiendo que te hundan en mis ondas.

Cuando te alces en medio de mi río,
¿qué suprema embriaguez sentirte mío
y circular bajo tus verdes frondas!

¿Dónde?, Juana de Ibarbourou


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Inclinada en tu orilla, siento como te alejas
trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y finos.

Huyen contigo todas las nítidas imágenes
el hondo y alto cielo
los astros imantados, la vehemencia
ingrávida del canto.


Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se extienden como brazos en el aire
y quieren prolongar en bandadas de pájaros
para seguirles a donde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina,
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata.
Yo soy solo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.

Allá está el mar que no reposa nunca,
allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma
las olas retumbando y persiguiéndose.
      

Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.

Yo quedaré dormida como el árbol
al que lo abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni corona las vidas
ni rasga su corteza verdes retoños tiernos.

Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al asombro de mi espejo roto.

Si alguna vez me inclino como ahora
con un ademán trémulo de sauce
habrá de ser para asomarse en vano
al opaco arenal que abandonaste.

Primera Elegía, Rosario Castellanos

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2

Aquí tienes mi mano, la que se levantó
de la tierra, colmada como espiga en agosto.
Aquí están mis sentidos
de red afortunada,
mi corazón, lugar de las hogueras,
y mi cuerpo que siempre me acompaña.

He venido, feliz como los ríos,
cantando bajo un cielo de sauces y de álamos
hasta este mar de amor hermoso y grande.

Yo ya no espero, vivo.




11

Me quedo en las palabras
igual que en un remanso, contemplando
cielos altos, profundos y tranquilos.

Por nada cambiaría
mi destino de sauce solitario
extasiado en la orilla.

Si alguna vez me voy me iré llevando
una mirada limpia
donde los otros beban el resplandor ausente.


12

El que buscó mi mano
para cortar racimos,
deje mi mano suelta
sin fruto y sin anillo.

El que llamó a mi cuerpo
para nacer, se calle.
No ponga en mi cintura
la guirnalda de madre.

Adiós, adiós los nombres,
las máscaras, la casa.
Yo no soy, yo no soy
más que un pequeño cauce amoroso del agua.


Misterios Gozosos, Rosario Castellanos



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¿Ustedes creen que las márgenes de un río sufren por dejarlo correr?


Frida Kahlo

sábado, 24 de mayo de 2014

Ya no será

Ya no será
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño

Al amor

Amor, si me miraras, Amor, deidad huraña, 
dios de las madrigueras, dios de las espaldas; 

si cayera sobre mí tu "clara pesadumbre"
revelando tus rasgos, amasador de sombra; 

si una vez me miraras en los ojos
y no me prefirieras siempre ese yo que es otro, 
infiel en contubernio con mi doble, 
tú, refugio sellado y puerto insituable; 

si me dijeras basta, Amor, deidad sin rostro;
si me riera, y tú también, de pronto,
renunciando a tu gesto de dudosos martirios,
tú también, pobre ídolo, tú también te rieras

-¡y rasgando ¿verdad? tus velos y tus máscaras
desnudarías con soberbia hilaridad la ficción vana
de esta comedia sórdida de espectros y de infiernos!
(Basta ya ¿quieres? Basta. Ríete y vamos a encontrarnos...)

Tomás Segovia

Diálogo

Él abre la boca 
es roja por dentro 
ella abre los ojos 
su córnea es blanca 
como la luna


se está quieta 
la córnea luna 
iluminando apenas 
la bienamada encía


adentro 
con silencio 
a boca cerrada 
a oscuras 
habitan ambos 


Blanca Varela

domingo, 18 de mayo de 2014

Chequeo médico

Si ignoras el horror,
si quieres olvidarte de la vida
un rato, entra al hospital más próximo.
Y busca la zona de corta estancia.

Prohibido equivocarse, fumar, llorar a gritos.
Intérnate. El horror estará cerca.
Enférmate, y entonces
arrancarán tu ropa de colores
pesarán tus desmanes y tus dudas.

Escucharán, extraños seres, tu corazón.
Pincharán, sin piedad, todas tus venas.
Querrán de tu dulzura saber todo.

Contarán tus huesos a contraluz
Matarán tu pudor herido y gris

Recibirán completos tus deshechos.
Pondrán anestesia en tu memoria.
Despertarás en blanco
frente a un ramo de minutos muertos.


Todo bien, dirán en algún instante.
Si te puedes ir, no olvidarás nunca.

Lucía Rivadeneyra

sábado, 17 de mayo de 2014

Where is my man?

Nunca te tengo tanto como cuando te busco
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.

Ana Rosetti

Seamus Heaney

I
Esta noche, un primer movimiento, un pulso,
como si la lluvia se acumulase en el pantano
hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,
un tajo abriendo la cama de helechos.
Tu espalda es una firme línea de costa del este
y brazos y piernas se prolongan
más allá de tus colinas graduales. Acaricio
la palpitante provincia donde creció nuestro pasado.
Soy el reino elevado por encima de tus hombros
al que no halagarías ni puedes ignorar.
La conquista es mentira. Envejezco
tolerando tu orilla semi-independiente
dentro de cuyos límites ahora mi legado
culmina inexorable.

II
Imperialmente soy varón todavía,
dejando para ti todo el dolor,
el proceso de rendición en la colonia,
el ariete, la barrera que explota desde dentro.
El acta germinó en una obstinada quinta columna
cuya postura crece de forma unilateral.
Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra
que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios
e ignorantes puños pequeños
ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí
por encima del agua. No veo ningún tratado
que ponga a salvo por completo
tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor
que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más.

De "Norte" 1975
Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens

viernes, 16 de mayo de 2014

42

Desde la tristeza que se desploma,
desde mi dolor que me cansa,
desde mi oficina, desde mi cuarto revuelto,
desde mis cobijas de hombre solo,
desde este papel, tiendo la mano.

Ya no puedo ser solamente
el que dice adiós, el que vive
de separaciones tan desnudas
que ya ni siquiera la esperanza
dejan de un regreso: el que en un libro
desviste y aprende y enseña
la misma pobreza, hoja por hoja.

Estoy escribiendo para que todos
puedan conocer mi domicilio,
por si alguno quiere contestarme.

Escribo mi carta para decirles
que esto es lo que pasa: estamos enfermos
del tiempo, del aire mismo,
de la pesadumbre que respiramos,
de la soledad que se nos impone.

Yo sólo pretendo hablar con alguien,
decir y escuchar. No es gran cosa.
Con gentes distintas en apariencia
camino, trabajo todos los días;
y no me saludo con nadie: temo.

Entiendo que no debe ser, que acaso
hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahora
lo digo en voz alta, simplemente.

Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.


Rubén Bonifaz Nuño

lunes, 12 de mayo de 2014

Entre la soledad ruidosa de las gentes


para Wenceslao Rodríguez 


Busco un hombre y no sé si sea para amarlo
o para castrarlo con mi angustia.
Tengo hambre de ser
y me siento frente a la ventana
a masticar estrellas
para que este dolor de estómago sea cierto.
La verdad es que duele en los nervios
todo el cuerpo, esta noche, hasta los tuétanos.

En la casa contigua
grita una mujer las glorias de la Biblia
y no conoce a Dios.
Su voz huele a vinagre, a aceite de ricino,
y Dios no huele a eso.
Entre mil olores reconocería el suyo.
Algo que no digiero me ha hecho daño esta tarde.

He visto a otros más humildes que yo.
No quiero reconocerme en ellos.
De tanto huir se me han caído las palabras
hasta el fondo del miedo:
no salen, rebotan dentro como canicas, suenan sordas.
Sin querer, me doy cuenta que me he quedado en la ruina.
Me falta lo mejor antes de irme: el Amor.
Y es tarde para alcanzarlo,
y me resulta falso decir:
—Señor, apóyame en tu corazón
que tengo ganas de morir madura.
Nadie madura sin el fruto.
El fruto es lo vivido y no lo tengo:
lo busco ya tarde,
entre la soledad ruidosa de las gentes
o en el amor que intento, y doy, y espero,
y que no llega.


Enriqueta Ochoa

sábado, 26 de abril de 2014

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos

domingo, 16 de marzo de 2014

La palabra

Quiero bien a la palabra viva:
alegremente por aquí brinca;
saluda con gentil reverencia,
es graciosa incluso en la torpeza.
Tiene casta, resopla denodada,
pues al oído del sordo se arrastra;
se ensortija y revolotea,
y todo cuanto hace deleita.
Pero la palabra es criatura tierna,
unos ratos sana, otros enferma.
Si quieres que su corta vida guarde,
has de ser con ella grácil y suave,
no manosearla ni maltratarla,
pues muere a veces por malas miradas.

Y entonces yace tan deforme,
tan exangüe, tan frío y pobre
su cadáver cambiado gravemente,
vejado por la agonía y la muerte.
Una palabra muerta es algo feo,
es un esquelético tintineo.
¡Qué asco de todas las artes mezquinas
que matan palabras y palabritas!

Esto no es un libro: ¿qué importan ellos,
qué importan esas mortajas y féretros?
Esto es una voluntad, una promesa,
una última rotura de pasarelas,
es un viento marino, un dejar anclajes,
un guiar el timón, un rugir de engranajes;
brama el cañón, blanco humea su fuego,
ríe el mar, lo monstruosamente inmenso.

Friedrich Nietzsche

miércoles, 12 de marzo de 2014

PERFECTO MÍO, SEÑOR DE LOS POTREROS



























Para Félix Todd Cámara

Me anega esa sazón oscura y cálida de cafetal,
los muros de agua resbalando obstinados
en menudas cortinas
y esa marea exótica, penetrante,
de verde alcohólico en tus montes.
Todo quedó allá.
Mi nervio, mi tenso músculo
enraizados en tu tronco voraz.
¡Ah!, implacable e impecable jinete,
señor de los potreros,
dueño de mi verano apocalíptico,
añoranza radiante en mi septiembre.
Yo no quiero
que pase sobre ti
su lengua el tiempo.
Que no se desdibuje esa plenitud escultural,
que la preserven de todo mal los dioses,
que no desbande tu maciza voz
el viento.
Perfecto mío, adéntrate en mi seno.
Escóndete en la gruta de mi lengua.
Súbete en mi palabra:
salta entero al papel.
Ojalá yo pudiera eternizarte
en la más alta catedral del viento.

Enriqueta Ochoa

sábado, 1 de marzo de 2014

Poemas de Ángel José Fernández

LOS FANTASMAS
(fragmento)
A Pancho Salmerón

1
Los fantasmas del patio de mi casa

son sábanas tendidas

                                  en lo oscuro,

huecos del ser
               
                   y augurios malhabidos

y son también, constatación de luna. 

Mueve el viento

                     sus títeres nocturnos,

se ensaña con mis miedos,

                                            aletea

su especie en extinción

                                 y me habla cosas

como un embajador

                                         del más allá

contándome sus penas.


                                   Es decir

de trasnochado Dios eso que dicen,

y me consuelo a tientas,

                                            me espejeo

con mis sombras doy lectura de fe

de que me siguen.

   
                                  Y soy yo sin Dios,

y soy el mismo viento por el patio.

De "Algo así", 1981.






10

El azar es azul, así lo expresa
la música del mar
de arenas movedizas, tropezón
de este ser
que apaga su caída
con su temple motor.

La pesadilla es irse acostumbrando
a cruzarse de manos y doblar aspavientos,
escuchar a la muerte
como en un caracol
con sus palabras huecas y acercarse
hasta ser,
puro en su tumba, sólo el torpe
que uno mismo se erige en el abajo.

Vaya pancarta silenciosa,
calamidad de viva roca sorda
y roca viva a golpe y sangre.
Vaya.


De Tempestad en la lumbre, en "Nocturno al amanecer", 1984.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Retorno de Electra (I)

Para poderte hablar
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que desandar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poderte hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar que no se me encogieran las palabras
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz. padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo.
Ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que te fuiste.
Con tu muerte se quebrantaron todos los cimientos.
No me atreví a buscar
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre.
Malherida,
borré la sombra del sexo entre los hombres
y me quedé vacía, a la intemperie.
Y no pude decir
hasta que se hizo carne de mi carne el amor
lo que era hallar la propia sombra, entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos,
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado.
Por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante.


Enriqueta Ochoa