martes, 21 de marzo de 2017

Resplandor y olvido de Fraguas de Víctor Sandoval




Pasaba las tardes en una vieja plaza.
Tardes y plaza,
árboles quemados,
había un roble partido en dos,
la piel arrugada, pero erguido y muy alto,
un oscuro mundo en sus ramas.
Tardes y plaza ardiéndome en la garganta.
Conminatoria y rápida
la revelación apenas me rozó.
Había que escapar o quedarse para siempre.
Como en Fraguas, la ciudad de la que soy un fugitivo
ahí estabas, padre, llamándome,
con tu piel calcinada, el tronco gigantesco,
tu oscuro mundo de yunques, fragores y descensos.

Amarás un telón amarillo.
El viejo otoño sobre el bosque
en la estación de los turistas.
Dejarás Fraguas, l anombrada.
Llevarás a tu padre bajo el brazo,
como el de Ilión un día.
Como el de Troya,
fue grande y poderoso.
Alborotó camas de hierro
usó trajes de alpaca y fístulas rosadas.
Dejarás la ciudad en llamas del otoño.
Otros serán, otros son ya los habitantes.
Ni una piedra rodada recordará a tu padre.
De la ciudad antigua sólo el reloj de sol,
los contrafuertes rojos del poniente.
Tendrá una máscara de hierro la ciudad, una malla de alambre
túnicas de moscas y ceniza,
rígidas banderas de polyéster sobre los edificios,
(negocios, habrá negocios para la gente nueva)
un aire de inocencia pervertida en las canteras rosa,
extranjerías innobles sobre los calicantos.
Dejarás Fraguas, la nombrada, un día de gran jolgorio
con tu padre el sarmentoso, el olvidado, bajo el brazo.

Fraguas se fundó
para que conviviera el padre con sus hijos.
Para que en el comedor, antes de la siesta,
departiera la familia,
circundada de yunques y fuelles resonantes;
resonantes y lejanas frases obscenas de la fábrica
tocando muros y ventanas.
Fraguas fue creciendo casa a casa,
sólida en sus relaciones,
armoniosa del todo.
Fraguas era una granada abierta,
cordial al visitante.
En sus talleres se construyeron máquinas de ligereza
para dar la vuelta al mundo.
Hubo quietos arados de afiladas rejas,
agujas y dedales centelleantes;
se construyó también una plaza de acero
para que mi padre, ceremonioso en las celebraciones
celebrara sus cuatrocientos años.

Cada día te pareces más a tu padre.
La misma nariz,
la misma nuca, el muro de cemento, la espalda de la fábrica,
tu padre, el clima y tú,
el mismo rostro de Fraguas:
Los estanquillos, la cerveza dorada los domingos,
por esas fechas en Fraguas
los niños y sus juegos en las calles, bolas de cristal,
trompos claveteados,
áureas monedas altas perdiéndose en los árboles.
Fraguas en las tardes:
un bruñido color en las doncellas,
adolescencias de metal,
un espejo de sol en el que todos anhelaban repetirse.
-Cada día eres más la imagen de tu padre:
el secreto fulgor que alondra el entrecejo,
los puños angustiosos sobre las caderas,
las esquirlas de luz abriendo paso.
Su voz entre cadenas
sensible a la garganta, por sus vetaduras
un azaroso agrio licor de espinas,
erguida bayoneta de silbidos.

Pespuntean el horizonte las siete cabrillas.
La arena del desierto
evoca la figura del pastor
de Santa Sofía y en Fraguas
los jóvenes arcángeles
han descendido para confundir al hombre.
Hay un pedazo de oro
y tiembla como un rayo de sol.
En cada hogar de Fraguas
se enciende una ramita de odio.

Restañar las heridas en Fraguas no fue fácil.
Toda la noche mi padre estuvo cavilando.
La luna gemía despacio entre el saucedal y el agua.
Las banderitas de papel en las acequias cautelosas.
El costillar herido de las puertas.
Los centuriones diestros a la ronda en círculos
estrechando el cerco con su collar de lanzas.
El alto poder del M-1 a tumbos en el puente.
La noche llena de flores desdentadas.
Es tan intenso el miedo
que hasta los mismos guardias delante de las casas
esconden sus temores.
Mi padre cavilando, toda la noche cavilando.
La casa de las fieras abierta y encendida.
Sus aullidos de espanto dominan nuestro sueño.
Y la lluvia en espera para lavar la sangre.

(EL PADRE LLEVA A SU HIJO AL ZOOLÓGICO)

Una veleta de lámina
El gallo en su gallinero
Gargantón el gallo canta
El águila y su calvicie
-Yo te perdono padre
Un tigre de doble filo
Un día de ámbar enjaulado en la piel
El enjoyado viborezco en su zarzal
Los dientes del tigre
Sus cuatro engarraduras
-Yo te perdono padre
y agazapado espero tanta sangre exquisita
La veleta girando al viento de las dalias
La noria tumba del agua
El águila coja sin la doble cabeza
El viborezno arqueado sobre el tractor Ford Major

Llego de la noche
Harto y feliz
Llego de la noche yo el triturador
Afuera dejo un clamoreo de estrellas y cristales
Para que no me moleste con preguntas
Encierro a mi padre en su tumba


(INTERMEDIO PARA CONSAGRAR AL PADRE)

Mi tiempo, padre:
Himnos de guerra y tableteo de metralletas.
Lo estoy viviendo apensa pero lo estoy viviendo;
soy el aire del arquero y su brazo.
Te veo escribiendo tus poemas
como éste padre, como éste.
¿Para qué, para quienes?
¿Para quiénes abres tu cartapacio,
tu horrenda máquina de escribir
como dentadura postiza?
A veces te leo en los periódicos
llenos de mosquitos proditorios.
Hace cincuenta largos años
que estás sobre la tierra.
Yo, padre, soy yo-padre desde que tú naciste.
El beso que pongo en tu mejilla
es el bien común,
el orden que rodea nuestra cisterna.
Por este lento avanzar del poemario,
del poema-río de tu consagración,
te despega la muerte de la vida
con paciencia de coleccionista.

(PLAZA EN ARMAS)

Tenemos nostalgia de las piedras.
Nos custodian muros de frentes amplias
donde se han escrito sentencias ineludibles,
actas constitutivas, horas de pozo adentro
con su latir a ciegas.
Nos custodian la ciudad y su cauda
procesional de lagrimones de salitre,
sus herrajes y arcadas,
aire de resplandores en las testas insignes.
Nos custodian labios denunciatorios,
contra infames costumbres,
por ejemplo: la exquisita cortesía de ese loco
que saluda al suicida y su féretro de crisantemos,
su escandalosa muerte de cianuro.
Nos custodian la noche y el tramonte
en su lecho de relámpagos.
La ciudad nos custodia desde su plaza en armas,
ágora de pavores y codicias;
estatuas de crisólitos vigilan este sitio
y nos preservan de cualquier transparencia.

(SUBURBIOS)

Soledad de abajo
y la brumosa mesa del café
Puerto de la Concepción
y el viaje que no haz de realizar
Viudas de Oriente
y la pasión nostálgica
Viudas de Poniente
te desnudo y me desnudas en sábanas de bramante
Ojo de Agua de Crucitas
desde lejos viene la tarde
Santa Rosalía del Polvo
un candor de piedra en la mirada
Rancho de Pulgas Pandas
el purificador de almas tragando lumbre
Pila de los Perros
verdades como puños el fontanero
abriendo las fuentes de la plaza
Amapolas del Río
una flauta enamorada
Soledad de Arriba
Don Juan al empalado bajo un claror de hogueras.

Aullidos de bronce,
sábanas blancas y sábanas manchadas,
dilataciones y dolor,
mi padre tranquilo en el zaguán.
-Antes que nada, comadrona,
échame al mundo.

Los días grávidos de agosto tienen un corazón de piedra.
Duerme.
En Fraguas, la ciudad de acantilados
y edificios rectangulares,
hay pequeños y tiernos detalles
Hay aurículas de transparentes nervaduras
y palomares de cemento.
Hay acequias y peces de agua fría.
Mi padre forja duras azucenas y besos de granito.

Los domingos el sol llega de pronto,
y todo Fraguas es
un resplandor de piedras y follajes.
Fraguas vuelta a encontrar, ganada para siempre;
navegan por el aire partículas de esmalte,
peces estriados, pájaros brillantes y pequeñas piezas de cerámica
Entonces las gentes van y van;
los mercados se llenan con sus gritos,
se sumergen en campos de pitayales dulces;
fuman en boquillas de cristal;
de sus cuerpos desnudos cuelgan joyas y pequeños signos de plata.
Naturalmente todos son jóvenes,
miran de frente entonando a Vivaldi.

Aparte del ciclo pluvial,
las regaderas y los sanitarios,
los ruidos más importantes de Fraguas se han ido perdiendo.
-Fan- faneto – neto – fan – faneto- neto -fan
¿Qué se hizo la máquina de vapor
saliendo de sus cuevas de bisonte?
¿Qué se hizo el rey mi padre y su tren de esmeraldas,
su cadena de oro, pechera de cobalto,
la sortija de amor entre los dedos?
No hay ojos para mí,
melancólico y calvo busco una calle antigua,
mido la distancia y no es la misma.
¿Qué se hicieron las señales que dejamos,
el aldabón de hierro y la puerta labrada?
Busco los antiguos lugares comunes:
Un nombre de mujer, la miscelánea verde,
la cicatriz del muro, Busco a la bella Adriana,
su cama de latón y el cielo raso;
busco al minotauro ganadero que le abrió las caderas.
¿Qué se hicieron los ruidos de Fraguas?
¿Qué se hizo el yunque de diamante de mi padre
y su tren de esmeraldas?

No quedó nada,
sólo el desierto;
Teotihuacan, Fraguas, Caldas, Asterópolis,
con sus rostros de aljibe.
Derruido el zigurat, trunca la pirámide,
el campanario en ruinas.
Sólo el silencio altivo.
¡Patrias de la misericordia
apiádense de Fraguas!
Debo olvidar la crónica,
los días rutilantes,
la procesión de palmas.
Olvidar la ciudad llameante de automóviles y anuncios.
No se hable más de los altos palomares
ni los apiarios rojos en el valle.
-Entonces las uvas y su dulzor de agosto-
Olvidar la historia y los ojos;
dejar la ciudad como el perro rabioso
que rompe con sus clases de obediencia.

Y abres los ojos con espanto.
Vienes del sueño a la ferocidad del sol.
Abres los ojos al espanto de esta mañana.
Si naciste en Fraguas, la de calles perdidas,
la de sordas campanas y esquilas subterráneas,
eres hijo de mi padre.
Dejaste, dejamos, la humedad de terciopelo,
la caverna tibia,
un ataúd de lunas tendido en las baldosas.
Estamos en Cataluña en llamas
o en cualquier lugar distante.
Las piedras a pleno sol, al farallón de Fraguas.
Olvídate del sueño y su festín de plumas,
reposante en su himen de giganta
y sus labios de arena.
Dejé ruidos de puertas, contraseñas, pasajes,
la terminal en brumas, el ómnibus cansado.
El caballo viajero se desnudó en la cuadra
en busca de su yegua.
Si naciste en Fraguas
olvídate de todo.
Fraguas es una hoja en blanco.

La memoria no existe.

domingo, 19 de marzo de 2017

Cuatro poemas de Hilda Doolittle


**

¿Por qué has venido
a perturbar mi ocaso?
Soy vieja (vieja fui hasta que llegaste);

la más roja de las rosas se despliega
lo cual es irrisorio
en esta época, este sitio:

es impropio, imposible
y aún ligeramente escandaloso),
la más roja de las rosas se despliega;

(y eso, nadie puede detenerlo,
ninguna inmanente amenaza del aire,
ni aun el mal tiempo

que estraga nuestra fruta del verano),
la más roja de las rosas se despliega
(tendrán que tomarlo en cuenta).


**

Llévame dondequiera, dondequiera;
en ti me adentro,
Dogo -Venecia-,

toda mi hacienda eres tú;
me escondería en tu cabeza
como un niño en un ático

y, allí, ¿qué encontraría?:
¿religión o magia? -¿ambas? ¿ninguna?
¿la una o la otra?, juntas, afines

acopladas, exactamente iguales,
iguales en poder, juntas aunque separadas,
el ámbar de tus ojos.


**

Venecia -¿Venus?
Esta debe ser mi posición,
mi actitud: aunque tú descartaste

mi poema,
no puedo rehuirlo
aunque lo he intentado;

es cierto, era "fascinante...
para quien resista su preciosismo",
escribiste acerca de lo que yo escribía;

¿y por qué debo yo escribir?
Esto no debería importarte,
pero Ella descorre el velo,

me quita la venda de los ojos,
ordena:
escribe, escribe o muere.


**

¿eres tú?
¿es alguna estruendosa manada
de novillos, de toros? ¿es sólo uno?

¿son muchos?
voces del pasado, del futuro,
hasta aquí, no más allá,

ahora, el total abatimiento;
¿alguna vez estuviste en este sitio?
¿alguna vez estuviste en este cuarto?

¿cómo pude resistir tu presencia,
y después, una vez sola,
en un lugar extraño, junto a otros,

palabras tontas las mías,
y tú que no querías beber nuestro vino
("¿jugo de fruta, entonces?" - "sí"),

y tú que no querías tocar nuestra sal
-y almendras, nueces- ¿qué sucedía?
habías llegado tan tarde,

¿por qué no llegaste antes?
mejor no hubieras llegado
¿por qué has venido

a perturbar mi ocaso?
soy vieja
(vieja fui hasta que llegaste).


**

¿Es el recuerdo, sobre todo, asunto
de ramitas, hojas, hierba, piedras?
Eso es, hasta donde yo creo,

pero ramitas, hierba, piedras
y el ligero sedimento arenoso
son parte de Egina, la isla,

Y la isla es ella misma, ella;
hay quienes dicen que Higia está dando
de comer de una taza a una serpiente:


pequeña, amistosa y no tan augusta
como la ateniense Parténope,
pueda Atenea Higia ser

nuestra cercana patrona personal;
extraigo una pequeña piña de pino
entre las algas desparramadas:

cuyas espículas de sal
destacan sobre el médano reseco,
y no es preciso que vuelva mi cabeza

para asegurarme del banco de roca
dentado cual caracol marino;
conozco todo esto porque estuve aquí

antes de que todo terminara,
antes de que supiera de una intimidad
tan cercana como el aire.


**

¿Adónde, adónde, adónde voy?
Conozco el camino pero mi paso es incierto
cuando vuelvo a ganar humanidad;

no puedo, indecente, aferrarme a tus áloes,
tus palmeras...¿o acaso puedo?
¿Es indecente la flaqueza del cuerpo?

Así parece cuando pienso en Bar-Isis,
ese Memnón del desierto:
¿eran irónicas sus palabras?

"Te ves bien", me dijo,
y esas fueron sus últimas palabras
cuando lo vi en un sitio extraño, en compañía

de otros; me escribiría, dijo,
y escribió, y respondí, y aguardé otra carta,
pero aquello al parecer había acabado.

No llegaba él a los 40.
Yo pasaba de los 70 y volví entonces a leerte.
Quisiera recordar, tu Istar, Baal, o algún otro,

y dejar que la humanidad siga su paso;
arrogante, impudente, no quiero detenerme,
no quiero mirar hacia abajo;

lo insondable te pertenece,
arena, duna, montón y montículo,
continente, imperio; yo dejé atrás peces alados

y cardúmenes que eran auténticos meteoros;
nunca necesito hablar: soy tan insignificante
para ellos como lo era en las alturas aéreas;

sí, Egina me engendró,
y allí están tú y el Bosquecillo, pero
para acabar debo rastrear al tal Asmodeo,

París, Bar-Isis: reptar hasta su cueva,
con mi mano golpear contra su pecho,
despertar su corazón al momento presente...

Poemas extraídos de "Definición hermética". Traducción correspondiente a Ulalume González de León.

jueves, 16 de marzo de 2017

Tres poemas de Natalia Toledo Paz







Xcu badudxaapa’ huiini’

Napa’ ti bandá’ biree lu gui’chi’ die’ guendadxiña
dxa’ nisa guielua’ ne ruaa’ nagapi ti guie’
guyuu tuxa ndaani’ bandá’ gui’chi’
ne guxha de xcú xa guie’.


Niña con raíces

Tengo una foto en sepia
con los ojos llenos de agua y una flor en los labios
alguien entró a esa foto
y arrancó de raíz la flor.




Yoo lidxe’

Dxi guca’ nahuiini’ guse’ ndaani’ na’ jñaa biida’
sica beeu ndaani’ ladxi’do’ guibá’.
Luuna’ stidu xiaa ni biree ndaani’ xpichu’ yaga bioongo’.
Gudxite nia’ strompi’pi’ bine’ laa za,
ne guie’ sti matamoro gúca behua xiñaa bitua’dxi riguíte nia’ ca bizana’.
Sica rucuiidxicabe benda buaa lu gubidxa zacaca gusidu lu daa,
galaa íque lagadu rasi belecrú.
Cayaca gueta suquii, cadiee doo ria’ ne guixhe, cayaca guendaró,
cayaba nisaguie guidxilayú, rucha’huidu dxuladi,
ne ndaani’ ti xiga ndo’pa’ ri de’du telayú.


Casa primera

De niña dormí en los brazos de mi abuela
como la luna en el corazón del cielo.
La cama: algodón que salió de la fruta del pochote.
Hice de los árboles aceite, y a mis amigos les vendí
como guachinango la flor del flamboyán.
Como secan los camarones al sol, así nos tendíamos sobre un petate.
Encima de nuestros párpados dormía la cruz de estrellas.
Tortillas de comiscal, hilos teñidos para las hamacas,
la comida se hacía con la felicidad de la llovizna sobre la tierra,
batíamos el chocolate,
y en una jícara enorme nos servían la madrugada.




Ra ruzulú guidxilayú

Gucanu jlaza diuxi,
guie’, bidxiña ne migu
gucanu yaga gucheza bele,
bacaanda’ ne libana guní’ bixhoze bidanu.
Biabanu ndaani’ gui’xi’
gubidxa bitiidi’ baxa sti’ ladxido’no,
gucanu pumpu ¡au!
gucanu nisa ¡au!.
Yanna nacanu dé biaana
xa’na’ guisu guidxilayú



Origen

Fuimos escama de Dios,
flor, venado y mono.
Fuimos la tea que partió el rayo
y el sueño que contaron nuestros abuelos.
Caímos en el monte
y el sol nos atravesó con su flecha,
fuimos cántaro¡au!,
fuimos agua ¡au!.
Ahora somos ceniza
bajo la olla del mundo.

Dos poemas de Stefania Onidi





A mí misma

Cuando estás sola
eres como el silencio,
inmóvil y sincera.
abierta como un pimpollo
tienes el olor de la noche.

A me stessa

Quando sei sola
sei come il silenzio,
immobile e sincera.
Dischiusa come un bocciolo
hai l'odore della notte.



Fleurs

He llenado la casa de flores
para no sentirme
sola,
para defenderme
para liberarme
de esta absurda estación
de inciertas emociones
de secretos miedos.


Fleurs

Ho riempito la casa di fiori.
Per non sentirmi
sola,
per difendermi
per liberarmi
da questa assurda stagione
di malcerte emozioni
di segrete paure.


La traducción pertenece a Carlos Vitale. Poemas extraídos del libro "Doce Poetas Italianas para el siglo XXI".

sábado, 11 de marzo de 2017

La poesía no es un lujo de Audre Lorde


La calidad de la luz con la que observamos nuestras vidas tiene un efecto directo sobre la manera en que vivimos y sobre los cambios que pretendemos lograr con nuestro vivir. En esta luz concebimos la ideas mediante las que tratamos de descubrir nuestro mundo mágico y de hacerlo realidad. Y esto es, la poesía entendida como iluminación, puesto que a través de la poesía damos nombre a las ideas que, hasta que surge el poema, no tienen nombre ni forma, ideas aun por nacer pero ya intuidas. La destilación de la experiencia de la que brota la auténtica poesía da a luz al pensamiento tal como los sueños dan a luz a los conceptos, o como los sentimientos dan a luz a las ideas y el conocimiento da a luz (precede) al entendimiento.
A medida que aprendemos a soportar la intimidad con esa observación constante y a florecer en ella, a medida que aprendemos a utilizar los resultados del escrutinio para fortalecer nuestra existencia, los miedos que rigen nuestras vidas y conforman nuestros silencios comienzan a perder el dominio sobre nosotras.
Todas y cada una de nosotras, las mujeres, poseemos en nuestro interior un lugar oscuro donde nuestro autentico espíritu oculto crece y se alza “hermoso/ y solido como un castaño/ puntal contra (v) nuestra pesadilla de debilidad” e impotencia.
Estos ámbitos internos de potencialidad son oscuros porque son antiguos y recónditos; han sobrevivido y han cobrado fuerza en la oscuridad. En estos profundos lugares, todas albergamos una reserva increíble de creatividad y fuerza, de emociones y sentimientos que no hemos analizado y de los que no somos conscientes. El ámbito de poder que cada mujer posee en su interior no es blanco ni superficial; es oscuro, vetusto y profundo.
Cuando concebimos el modo de vida europeo como un mero problema a resolver, pretendemos alcanzar la libertad basándonos tan solo en nuestras ideas, porque los padres blancos nos dijeron que lo valioso son las ideas.
Pero a medida que ahondamos en el contacto con nuestra conciencia ancestral y no europea, que ve a la vida como una situación que debe experimentarse y con la que hay que interactuar, vamos aprendiendo a valorar nuestros sentimientos y a respetar las fuentes ocultas del poder de donde emana el verdadero conocimiento y por tanto, la acción duradera.
Estoy convencida de que, en nuestros tiempos, las mujeres llevamos dentro la posibilidad de fusionar estas dos perspectivas, tan necesarias ambas para la supervivencia, y de que es en la poesía donde mas nos acercamos a esa combinación. Me refiero a la poesía entendida como reveladora destilación de la experiencia y no al estéril juego palabras que, tantas veces, los padres blancos han querido hacer pasar por poesía en un intento de camuflar el desesperado deseo de imaginar sin llegar a discernir.
Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital. Ella define la calidad de la luz bajo la cual formulamos nuestras esperanzas y sueños de supervivencia y cambio, que se plasman primero en palabras, después en ideas y, por fin, en una acción mas tangible. La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento. Los mas amplios horizontes de nuestras esperanzas y miedos están empedrados con nuestros poemas, labrados en la roca de las experiencias cotidianas.
A medida que los vamos conociendo y aceptando, nuestro sentimientos, y la honesta indagación sobre ellos, se convierten en refugio y semillero de ideas radicales y atrevidas. Se convierten en baluarte de esa diferencia tan necesaria para el cambio y la conceptualización de cualquier acción fructífera. Ahora mismo podría enumerar cuando menos diez ideas que me habrían parecido intolerables, incomprensibles y pavorosas si no hubieran surgido tras un sueño o un poema. No estoy hablando de vanas fantasías, sino de una atención disciplinada al verdadero significado de la frase “me hace sentir bien”. Podemos entrenarnos para respetar nuestros sentimientos y traducirlos a palabras que nos permitan compartirlos. Y cuando las palabras necesarias aun no existen, la poesía nos ayuda a concebirlas. La poesía no solo se compone de sueños y visiones; es la estructura que sustenta nuestras vidas. Es ella la que pone los cimientos de un futuro diferente, la que tiende un puente desde el miedo a lo que nunca ha existido.
Las posibilidades no son eternas ni tampoco instantáneas. No es fácil mantener la confianza en su eficacia. En algunas ocasiones, tras largos y denodados esfuerzos por construir la base de la autentica resistencia contra las muertes que nos tocara vivir, esa base se viene abajo o se tambalea por culpa de las falacias que nos enseñaron a fundar nuestra seguridad. Las mujeres nos sentimos disminuidas y debilitadas por la acusación, falsamente benévola, de que somos infantiles, particularistas, volubles y sensuales. Habría que preguntarse: Estoy modificando tu aura, tus ideas, tus sueños, o simplemente te estoy impulsando a tener una reacción temporal? Esta tarea que no es sencilla, ha de entenderse en el contexto de la necesidad de un cambio autentico en los fundamentos de nuestras vidas.
Los padres blandos nos dijeron “Pienso, luego existo”. La madre negra que todas llevamos dentro, la poeta, nos susurra en nuestros sueños: “Siento, luego puedo ser libre”. La poesía acuña el lenguaje con el que expresar e impulsar esta exigencia revolucionaria, la puesta en practica de la libertad.
Ahora bien, la experiencia nos ha enseñado que, además, siempre es necesaria la acción en el momento presente. Nuestros hijos no pueden soñar si no viven, no pueden vivir si no los alimentamos, y quien si no podrá proporcionarles ese autentico alimento sin el cual sus sueños no podrán ser distintos de los nuestros? “Si queréis que algún día lleguemos a cambiar el mundo, por lo menos tendréis que concedernos el tiempo necesario para que nos hagamos mayores!”, grita el niño.
A veces nos drogamos a base de soñar nuevas ideas. El pensamiento nos salvará. El cerebro nos liberará. Pero lo cierto es que no tenemos en reserva ideas nuevas que puedan rescatarnos como mujeres, como seres humanos. Tan sólo existen las ideas viejas y olvidadas; una vez que las reconozcamos en nuestro interior, podremos realizar con ellas nuevas combinaciones, nuevas extrapolaciones, y hacer acopio de valor para ponerlas en practica. Y en todo momento hemos de infundirnos ánimo a nosotras mismas y unas a otras para poner a prueba esas acciones heréticas que están implícitas en nuestros sueños y desacreditadas por nuestra forma de pensar tradicional. Sólo la poesía, desde la vanguardia de la lucha por el cambio, insinúa las posibilidades que pueden hacerse realidad. Nuestros poemas formulan las implicaciones nacidas de nuestro ser, lo que sentimos profundamente y nos atrevemos a plasmar en realidad (al actuar en consonancia) nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros más íntimos terrores.
Nuestros sentimientos no estaban llamados a sobrevivir en una estructura de vida definida por el beneficio, por el poder lineal, por la deshumanización institucionalizada. Los sentimientos se han conservado como adornos inevitables o como agradables pasatiempos, con la esperanza de que se doblegaran ante el pensamiento tal y como se esperaba que las mujeres se doblegaran ante los hombres. Pero las mujeres han sobrevivido. Y también los poetas. Y no hay nuevos dolores. Ya los hemos sentido todos. Los hemos escondido en el mismo lugar donde tenemos oculto nuestro poder. Ambos afloran en los sueños, y los sueños nos señalan el camino de la libertad. Podemos plasmar los sueños en nuestros poemas pues éstos nos dan la fortaleza y el valor de ver, de sentir, de hablar y de ser audaces.
Si desdeñamos lo que necesitamos para sonar, para mover nuestro espíritu profundamente, a través de la promesa y hacia ella, si lo consideramos un lujo, estamos renunciando a la esencia, a los fundamentos de nuestro poder, de nuestra condición de mujeres: estamos renunciando al futuro de nuestro mundo.
Porque no existen ideas nuevas. Tan sólo existen nuevos medios de sentirlas, de examinar cómo se sienten esas ideas viviéndolas un domingo a las siete de la mañana, después del desayuno, en pleno frenesí amoroso, haciendo la guerra, dando a luz o llorando a nuestros muertos… mientras sufrimos por los viejos anhelos, batallamos contra las viejas advertencias y los miedos a estar en silencio, impotentes, solas, mientras saboreamos las nuevas posibilidades y nuestra nueva fortaleza.

viernes, 10 de marzo de 2017

Hablo por mi diferencia (Manifiesto) de Pedro Lemebel







No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.



NOTA:

Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.

lunes, 6 de marzo de 2017

Letanía de la supervivencia de Audre Lorde




Para aquellas que vivimos en la orilla
sobre el filo constante de la decisión,
cruciales y solas,
para quienes no podemos abandonarnos
al sueño de la elección,
a quienes amamos en los umbrales,
mientras vamos y volvemos,
en las horas entre amaneceres,
mirando hacia dentro y hacia fuera,
al tiempo anterior y al que viene,
buscando un ahora que pueda alimentar
futuros,
como el pan en la boca de las personas pequeñas,
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros.

Para nosotras
que fuimos marcadas por la impronta del miedo,
esa línea leve del centro de nuestras frentes,
de cuando aprendimos a temer mamando de nuestras madres
porque con este arma,
esta ilusión de que podría existir un lugar seguro,
los pies de plomo esperaban silenciarnos.
Para todas nosotras
este instante y este triunfo:
supuestamente, no sobreviviríamos.

Y cuando el sol amanece tememos
que no permanezca en el cielo,
cuando el sol se pone tememos
que no vuelva a salir al alba,
cuando nuestro estómago está lleno tememos
el empacho,
cuando está vacío tememos
no volver a comer jamás,
cuando nos aman tememos
que el amor desaparezca,
cuando estamos en soledad tememos
no volver a encontrar el amor,
y cuando hablamos
tememos que nuestras palabras
no sean escuchadas
ni bienvenidas,
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo.

Por eso, es mejor hablar
recordando
que no se esperaba que sobreviviéramos.

Rebelde de Juana de Ibarbourou




Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman, o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje,

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.

sábado, 4 de marzo de 2017

Canto de Magaly Sánchez






Y por dónde agarrar el poema.
Después del mundo.
Después de la vida.
Tras el amor y abundancia.
Muy atrás de la suavidad
y lejos
muy lejos ya de todo.
Ante nada y frente al vacío.
Medrando en redor la muerte
dónde el poema...

Porque eterna
aeternum es eso que poema
de sécula y per sécula existe un poema.

El poema.

Resulta que siempre sí
en algún rincón
entre la más densa niebla
oculto en el más sólido recio.
En un pliegue
por ahí el sí.
En alguna microfisura
del mundo que somos
ahí está.

Mas
cuando la vida nos deja
para habitarnos la muerte
se deja de pensar en el poema.

Al aplastarnos lo brutal
se nos olvida su aliento.

Ida fortuna los hados a zaga
quedados pasto de la carroña social
dejamos de creer en un poema.

                                  En el poema.

Y

Palabras vienen y revienen desde el inicio.
Llegan. Invaden. Ahogan.
Así me dejan. Se largan hastiadas
preguntando todas. Cuál todo
tal todos

Qué pues es eso que poema
                                          el poema.

¡Ah dioses astros entes!

El poema anda de aquí para allá
viene de allá para acá
y va de aquí hacia más aeternum
per sécula y de sécula.

El poema     uno cualquiera
anda por esos llantos
se sale de risas y sonrisas
camina con toda gente
duerme en lechos a la noche
y en ensueños del día.

Un poema se va para alguna estrella
o se incrusta en algún infierno
se cuelga de un tipo y otro
pende del resuello niño que juega
se mete bribón sabroso y caliente
entre teta y teta de amantes.

El poema ¡ah cábala! se acuesta y se levanta
ronca y alborota
se acomoda en alguna flor
o repantiga en un paisaje.
Va sorteando por vías metropolitanas
o se amodorra en las de provincias.
El poema camina del brazo del tiempo
y hospeda en fugaz parpadeo.

El increíble        el terco poema
que enferma y alivia
que arrima entre hambrientos que anida
contigo y aquél conmigo
el poema de fríos y calores
de tierras y mares
de unos y otros de todos y nadie.
Por dónde cogerlo apropiarlo al poema.

Al poema escapado quién lo alcanza.
Al perdido quién lo encuentra.
Al negado quién lo adquiere.

Se vuelve a tenerlo        a guardarlo
a vivirlo...

Vacíos dónde lo asentamos
secos cómo lo calmamos
muertos dónde cómo lo amamantamos.

Al poema este ser del ser. Ser de mí
vive.

Vive aunque sea en mi fatiga.
Alienta con la derrota.
Sombra de mi sombra.
Eco de mi balbuceo.
Reflejo de la oscuridad.

El poema amargo de tu amargura.
Nostalgia del sueño ido.
Imagen de lo acariciado.
Hoy el poema es pena.
El silencio tuyo.
La obligación al supuesto.

Malvives poema en mis grilletes
amordazado en los labios
maniatado a mi condena
oscilando en los callos
y en la alienación formado.

Hoy se lleva al poema a cuestas
se le deja en gradas del recinto
se le malviste de andrajos
y alimenta de basofia.

Ahorita el poema tú poema
esa pena y odio y tedio.
Este grito y lloro y vacío
anda escondiéndose de ti y de sí mismo.
De puntillas te pisa deseando pasar
inadvertido.

Se pone la capa de la nada
para no inquietarte con su reproche.
Se oculta en tu conciencia dormida.
Teme despertarla por tu furia
a nueva vigilia colérica y acusante.

Encerrado y capado como monstruo
ahora avergonzamos de su ser
se le traiciona brillantemente
y se llora desesperado
sin arrullarlo como antes.

Se hace cobarde contigo
y trampea remedándote.
Fornica por complacerte
y justifica tu pereza y comodinidad
holgazaneando y volviéndose comodón.

De la entretela de la malignidad.
De entre la consuntiva soledad.
Dizque viviendo porque muriendo
el asiento de la vergüenza
que consume en tu cuenco
zarandea al poema sin cuidados.
Lo saca a rastras de ti y de sí
y te lo plantea enfrente
para rubor de ambos.


Esto eres

Esto soy


Esto    miremos a ojo raso   somos.

Remedo de algo que quiso ser
que pudo serse
remiendo sólo del puro y recio lienzo
que en alguna era infecha nos cubrió
cálido.


Esta horra caricatura del recuerdo
soterrado.

esto somos.

Soledad  el nombre
alias        la agonía
sexo        impotencia
clase       cobardía.

Esto

edad credenciales tarjetas de identidad
domicilio oficio profesión

somos


impostores
ísmos y antípodas cloacas
adefesios decadencia y desgénero.
Habrá que decir todo.

Estamos cara a cara.
Desvergüenza a desvergüenza
sin el mínimo pudor.
Perdida sin vergüenza         la vergüenza
de la vergüenza.

Hay que decirlo todo.

Lo dirás poema           y lo diré.

Diremos todo.
Tú y yo poema.
Rostro en rostro
y frente al frente
con la vida a espaldas
y el hueco de muerte adelante


dirás y diré.

Puntearemos
sin reparos por el estriptís
tu verdad y la mía
                            nuestro canto
                                          Poema.

jueves, 2 de marzo de 2017

La danza de la muerte (fragmento) - Anónimo





Habla la muerte:

A la danza mortal venid los nacidos
que en el mundo sois de cualquier estado
el que no quisiere, a fuerza y impelidos
hacerle he venir muy toste priado.

Pues que ya el fraile vos ha predicado
que todos vayéis a hacer penitencia
el que no quisiere poner diligencia
por mí no puede ser más esperado.

Primeramente llama a su danza a dos doncellas.

A esta mi danza traje de presente
estas dos doncellas que veis hermosas
ellas vinieron de muy mala mente
oir mis canciones, que son dolorosas.

Mas no les valdrán flores y rosas
ni las composturas que poner solian.
De mí, si pudiesen, partirse querrían;
mas no puede ser, que son mis esposas.

A éstas y a todos por las aposturas
daré fealdad, la vida partida
y desnudedad por las vestiduras;
por siempre jamás, muy triste aborrida,

y por los palacios daré, por medida,
sepulcros oscuros de dentro fedientes,
y por los manjares, gusanos royentes
que coman de dentro su carne podrida.

Y porque el Santo Padre es muy alto Señor
y en todo el mundo no hay su par,
desta mi danza será guiador;
desnude su capa, comience a saltar.

No es ya tiempo de perdones dar
ni de celebrar en grande aparato,
y yo le daré en breve mal rato,
¡Danzad, Padre Santo, sin más retardar!